

Recuerdos de un callejón sin salida es una colección de 5 cuentos, el último con el mismo título que la colección.
Escribe Yoshimoto en su epílogo (debo decir que tengo cierta tendencia a desconfiar de los escritores que escriben epílogos explicativos a sus obras, aunque Marguerite Yourcenar, mi escritora favorita, lo haga tan a menudo, y aunque en este caso no me moleste demasiado que Yoshimoto lo haga) que últimamente sólo escribe tristes y dolorosas historias de amor. Creo que exagera. Amorosas son todas las historias, pero tristes, sólo en su justa medida. Es verdad que todos estos cuentos, como muchos de los anteriores, destilan una nostalgia y una melancolía, repito el adjetivo, que no pasa desapercibido. Pero realmente no me parecen tan tremendamente tristes, o no creo que la tristeza sea su razón de ser. Puede ser una cuestión cultural, la diferencia entre lo que un japonés más o menos de mi generación y un europeo como yo entendemos como triste. Porque lo cierto es que esa tristeza de la que Yoshimoto habla y hace gala se enmiendan siempre por dos razones: porque siempre deja los finales abiertos de una manera positiva, y por la esperanza en el futuro que resuman todas las historias.
Aún así, cinco personajes, todos femeninos, se preguntan por el sentido de su vida siempre después de haber vivido o recordado un momento desagradable de su vida, en el que el amor se convierte en un golpe de suerte o de desgracia. Mujeres independizadas, o recién independizadas, que sienten sin embargo una fuerte ligazón con su familia, con su pareja, con su pasado, o con una situación que las ha marcado. No puedo resumir mucho más, porque son cuentos relativamente cortos donde los olores, los fantasmas, los niños que vaticinan su propia muerte, el tacto, el sonido, la piel, nos dibujan un Japón distinto, que podría ser, salvo por leves matices, cualquier país occidental, pues todos hemos sentido, o podemos sentir, cosas parecidas.
Muy curiosa es esa especial devoción que Banana Yoshimoto siente por la comida, por el sabor, la forma de prepararla, la evocación que un manjar, por sencillo que sea, puede generarnos. Es una constante desde su primera obra, que al fin y al cabo se titula Kitchen, y es curioso como muchos de sus personajes protagonistas son cocineros, o descienden de cocineros, o sus familias tienen restaurantes, reposterías, bares, casas de té... Lo cotidiano ascendido a la categoría de lo mágico y lo trascendente, como si cada sabor, cada forma de cocinar, diera lugar a una forma de vida. La comida, vista de este modo, se convierte en el personaje central, inmutable, y permanente, de cada una de sus historias. No dejes de leerlo, te gustará, y si es la primera vez que lees a Banana Yoshimoto, busca otros de sus libros, y disfrútalos.



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