sábado, 31 de enero de 2009
Ser amigos, tener amigos
miércoles, 28 de enero de 2009
Ben Heppner en el Real: Maravilloso tenor.


Valerie Gergiev en el Teatro Real


Fue irregular por los solistas, que también lo eran del Teatro Mariinsky, y que no estuvieron del todo a la altura de las circunstancias. El tenor Aleksandr Timchenko, que interpretó a Edipo, merecía que le arrancaran los ojos, como a su personaje, y de rebote dos o tres cuerdas vocales. Yocasta, Olga Savova, no iba mucho mejor. Cantando en latín son infumables, todos, con unas “eses” y una pronunciación en general muy poco trabajada. No acabo de entender por qué la narración se optó por hacerla en el ruso original, dado que ni es en poesía ni tiene mayor importancia salvo la dramática, y desde luego, escucharla en ruso y con una entonación monocorde no ayuda a aumentar la tensión del público. Claro, en el Teatro Mariinsky, cuyo escenario vemos en esta foto, se notará menos, pero en Madrid se nota mucho...



lunes, 12 de enero de 2009
Esto no va a volver a repetirse, así que disfrutemos y escuchemos...
Estas señoras sabían cantar como nadie, no puede negarse. Tampoco las que vienen ahora, las olímpicas, las reinas, las que han sido, por mucho, consideradas grandes entre las grandes, primme donne assolutte... Empieza Maria Callas, quizás la soprano más importante (que no por ello la mejor) del siglo XX. Tuvo suerte, y una vida desgraciada, terrible... Sigue la maravillosa Joan Sutherland, con esa voz tan característica, que nos enamoró a todos, que se pasó cincuenta años cantando en italiano y no aprendió una palabra de ese idioma, a la que cuesta a veces entender, pero que respira música por todos sus poros... Luego, Leyla Gencer, una soprano excepcional con mala suerte... ¿por qué lo digo? Porque por carecer de la presencia mediática de otras, y aunque hoy los aficionados la veneran como la veneraron en los 60, las casas discográficas la aparcaron inexplicablemente. Una de las más grandes cantantes de la historia, pero primero la arrasó el vendaval Callas, luego, cuando se recuperaba, apareció la curiosidad Sutherland... y para cuando por fin podía hacerse un lugar como absoluta dominadora en los roles de Donizetti y Bellini, surge aplastante Montserrat Caballé... Leyla Gencer quedó arrinconada para los medios de comunicación, y fue una enorme injusticia. Termina este vídeo la que es posiblemente la soprano más arriesgada, técnicamente más brillante y musicalmente más versatil del siglo XX, Montserrat Caballé, atención a su vídeo... Son La Divina, La Stupenda, La Sultana y La Superba... todas englobadas como "Grandes del Belcanto", aunque el vídeo de Gencer sea Aida, que nada tiene que ver con el belcanto pero... Algo así, cuatro (¿3?) mujeres de este calibre no volverán a aparecer jamás en la historia de la ópera.
En el vídeo 3, con el rótulo de "Escuela Italiana" tenemos a dos grandes entre las grandes, Renata Scotto, a quien no ayudaba su fibrilante agudo (atención a este dúo con Bergonzi), y Mirella Freni, quizás la Mimí ideal, siempre maravillosa en todo. Crecieron a la sombra de Caballé, y sin embargo supieron hacerse un sitio... Luego, como "Escuela Alemana", comienza Elisabeth Schwarkopf... ella y Victoria de los Ángeles, lo diré siempre, son perfectas, no ha habido cantantes más impecables en la historia de la lírica. Absolutamente entregadas, no eran sopranos de grandes algaradas, agudos o demostraciones de fuerza, simplemente cantaban con sensibilidad y una fuerte carga intelectual lo que estaba ante sus manos... Termina el video Birgitt Nilsson... desgraciadamente con un corte de Turandot cuando su verdadera creación es Isolda pero... ¿Alguien ha escuchado alguna vez una voz más poderosa y electrizante?
Comienza el vídeo 4 con dos sopranos de la "Escuela norteamericana" que, desde sus diferentes perspectivas, constituyen un capítulo propio en la historia del canto. La primera, Beberly Sills, para quien, junto a Roberta Peters, también olvidada en estos vídeos, se impuso el adjetivo de "divette"... Luego, la verdiana por excelencia, Leontyne Price, en vivo y en directo, ahí queda eso... Siguen dos cantantes que el autor considera híbridas, es decir a caballo entre soprano y mezzo... Grace Bumbry, qué feita ella pero qué pedazo de cantante, y que demuestra que está a caballo entre las dos cuerdas aunque ese final del aria le queda algo feo; luego viene y Shirley Verret, posiblemente la única y verdadera actriz cantante que ha existido... Lo siento por María Callas... pero es verdad.
En el vídeo 5, terminan las híbridas con la irrepetible, irreductible, intransigente y espectacular Jessie Norman, la gran soprano americana, que tuvo un nivel de autoexigencia elevadísimo y siempre al primer nivel. Entonces empieza un grupo que yo no acabo de comprender, en cuanto a su clasificación, pues Stecca lo denomina "El comienzo de las voces suaves" o "blandas", como queramos traducir "morbida". Bueno, quizás se refiere a una grupo de soprano con un volumen no especialmente amplio, que se regodean más en otras líneas de canto. Claro que comienza el grupo con una soprano que a mí nunca me ha gustado, y que si pudiera decirlo diría que era una auténtica pedorra (ah! la maravilla de escribir para ti), y era Katia Ricciarelli, que creo que está aquí sólo por razones de chovinismo italiano (como otra más adelante). Le sigue, eso sí es una soprano, Margaret Price, que vaya que era feucha y gordota, pero qué línea de canto más maravillosa. Termina el grupo Kiri Te Kanawa, quizás la última gran diva de la ópera... Entonces comienza un grupo que Stecca denonima "La Estirpe de la coloratura", con la inagotable (y agotadora) Edita Gruberova... En fin, que a partir de este vídeo, la cosa decae... La gran generación de cantantes, quizás, acabó justo aquí.
EL vídeo 6 continúa con la estirpe de las coloraturas, y es de nuevo irregular. Empieza Lella Cuberli... un pelo amplificada en este corte, buena soprano, mal editada en disco, pero que no me llena. Luego un clamoroso, para mí, error de Stecca, que es Luciana Serra. Nunca soporté a esta soprano, y la tengo por ahí en un vídeo, con Alfredo Kraus, que si cuando terminan el dúo don Alfredo saca una pistola y la mata el teatro se habría venido abajo y no habría habido nadie que pusiera objeciones. Magnífica, años después, Reina de la Noche, sus agudos, demasiado punzantes, me resultan malos para el estómago... Luego, un salto generacional, aparece la gran Mariella Devia... Claro, cuando Stecca se mete en estas cosas, uno dice "pues vale, si está la Devia nos faltan..." pero nos metemos en un lío. Devia es la gran belcantista de la actualidad. Un dato, nadie cantó, desde que Montserrat Caballé lo hiciera allí por última vez, la Casta Diva de Norma en La Scala de Milán, hasta que Mariella Devia se atrevió... y había pasado más de una década, o dos... Continúa el grupo una de las escasas grandes sopranos de la actualidad, próxima a meterse un batacazo llamado La Traviata... Natalie Dessey, en una escena que le va como anillo al dedo. ¡Qué fabulosa cantante! Montserrat Caballé la adora. No sigas con La Traviata, Natalie, ¡por dios! que no te hace falta.
El vídeo 7 presenta el más raro de los grupos, pues da saltos en el tiempo. Creo que Stecca debió dejarlo en los finales de los 80. En fin, siguen las coloraturas. June Anderson, que se convirtió en estrella también sustituyendo en el último minuto a Montserrat Caballé en Nueva York, cuando esta tuvo los primeros síntomas de un cáncer cerebral. Era espléndida, pero no llegó a dos décadas de carrera al primer nivel. Continúa una soprano de carrera escasa e ingrata, pese a su bella voz, Cecilia Gasdia, que saltó al primer plano internacional, sobre todo, al ser la sustituta de Montserrat Caballé en la Scala de Milán cuando ésta tuvo que cancelar unas aciagas Anna Bolenna de Donizetti. Entra entonces Stecca en un procesolo grupo al que denomina "Dramáticas". Creo que por el afán de clasificar, la cosa ha quedado un poco rara. Son Elena Soliotis, Ghena Dimitrova y Eva Marton... Aguerridas mujeres de carreras basadas en papeles duros y poderosos.
Y para terminar, el vídeo 8. Como "La generación del lirismo" o de las líricas, como se quiera, identifica Stecca a Cheryll Studer y Rene Fleming. Ambas sopranos tienen un referente común, que es Montserrat Caballé, para la bueno y para lo malo. La primera, no era mala cantante, pero decidió que podía cantar lo mismo que Montserrat había cantado. Claro que Montserrat empezó con Mimì y acabó con Isolda, en un tramo de 40 años... Cheryll Studer decidió hacerlo en 7 años... Solución, se destrozó la voz... Luego, Rene Fleming, la mejor, posiblemente, soprano de la actualidad. Quién ponga en duda mi afirmación de su deuda con Caballé, de que es una soprano que ha seguido la línea marcada por la catalana, que se escuche esta grabación de la Louise de Charpentier, y luego la compare con las magníficas grabaciones de Montserrat... Ahí están las dos... Fleming nunca ha negado su deuda con Caballé, ni con Victoria de los Ángeles. Y termina el vídeo, y la serie, con 3 sopranos a quien Stecca denomina "Naturalistas", Raina Kabaibanska, siempre un poco salida de madre para mi gusto pero maravillosa en escena; y sendos brindis al sol: Daniela Dessi y Fiorenza Cedolins. Dos introducciones, para mí, debidas al chovinismo italiano. La Dessi, vale, de nivel pero irregular. Ahora bien, Fiorenza Cedolins... Para mí es un tormento. Renata Tebaldi dijo un día que para cierto repertorio (La Gioconda, por ejemplo) con gritar un poco y poner cara melodramática lo tenías solucionado. Cedolins se lo cree, pero lo aplica a todo lo que canta. Es insufrible, grita como una posesa, y desafina como tres... son dos cualidades que, para mí, la alejan totalmente de esta amplia selección. No debía estar aquí. Porque además, si llegamos a esta frontera de la actualidad, Stecca olvida a algunas (y no me refiero ni a Gheorgiu ni a Netrebko), como por ejemplo la llamada a convertirse en la gran soprano de su generación, del primer tercio de este siglo, Cristina Gallardo Domas.
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Así que para solucionar esa injusticia, aquí va mi querida y admirada Cristina Gallardo Domas, a quien me une un genuino afecto como espectador. Atención a esta Butterfly. por cierto, dirigía (¿?) Plácido Domingo...
Espero que lo hayais disfrutado mucho!
miércoles, 7 de enero de 2009
Recomendando lecturas: Retorno a Brideshead, la alegre decadencia del engaño.









lunes, 5 de enero de 2009
Recomendando libros: Los hombres del Triángulo Rosa. Memoria de la barbarie






domingo, 4 de enero de 2009
Estampas berlinesas... El Museo del Pueblo Judío.

Otra de las cosas que sorprenderá es que el edificio no tiene acceso, es una caja hermética, secreta, una suerte de cáliz oculto, un nuevo símbolo… ¿De una cultura tan cercana y tan poco conocida? ¿De una sorpresa? ¿De una historia de dolor?
Es un edificio, ya he dicho, obsesivo y compulsivo, y con una tremenda carga semántica… ¿Qué edificio no es así en Berlín? Realmente la potencia de la nueva ciudad es, a veces, agobiante. Es un escenario telúrico en el que se representa un drama, uno con miles de matices, desde el más amable al más sanguinario. Es curioso, pensé que las salas dedicadas al Holocausto serían espectaculares y casi sangrantes, pero no, el edificio, en sí mismo, es un enorme vistazo al oneroso recuerdo, las salas dedicadas al mismo son mucho más discretas (agradablemente). La Topografía del Horror, en el mismo Berlín, es más impactante.
… Se echa de menos la existencia de una exposición dedicada a la reconciliación con los palestinos… El museo, en sí mismo, no me interesa demasiado, porque nunca me han gustado los museos etnográficos ni antropológicos, y este al fin y al cabo lo es. Pero es muy interesante su arquitectura, así como su jardín inclinado, creo que el Jardín de los Ausentes, un lugar donde no hay nada en vertical ni en horizontal, y por tanto –lo comprobé por mi mismo– es muy fácil caerse.
El patio del Holocausto es una gran sala fría y negra, con una ligera abertura en la parte superior, que se estrecha (la planta es triangular) hasta hacerse de una angostura impracticable. No pude sentirme demasiado impresionado, porque ese sitio necesita de soledad y silencio, y un grupo de turistas jovenzuelos, creo que americanos, nos lo impidieron, preguntándonos cosas como si en España había mujeres bonitas.
Pero sí me impactó, y casi es la razón de esta entrada, el Patio de los Desaparecidos (o de los Olvidados). Se trata de un patio cubierto de caras de acero con rictus de dolor. Para poder visitarlo, tienes que pisar esas cara, lo que ya de por sí es desagradable.
Pero además es que las mismas, al chocar, chirrían escandalosamente, y dada la naturaleza del espacio en que se encuentran, ese sonido halla rápidamente un fuerte eco. Al final, pareciera que esas caras te gritan de dolor y espanto mientras caminas sobre ellas.
Es una experiencia desazonadora, y uno de mis diálogos con un espacio artístico contemporáneo más intenso. Te dejo un vídeo que he publicado en youtube, pálido reflejo de lo que te quiero expresar.
Si pasas por Berlín, debes visitar este edificio…