Según blogger, nos han visitado todas estas personas

domingo, 20 de abril de 2014

De libros (y de amistades): Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino.

A veces quedan libros en la estantería que, por la razón que sea, languidecen porque te has olvidado de ellos. Un amigo íntimo me regaló en diciembre de 2002 el libro que voy a reseñar, como celebración de nuestro primer año de amistad. Posiblemente por tener muchos libros pendientes, en un mes lleno de compromisos vitales y profesionales, el libro fue guardado y quedó en una estantería. Luego pasó por tres mudanzas, donde volvió a quedar relegado. Posiblemente primero sucedió que pensé que lo había leído. Luego incluso olvidé que lo tenía. El amigo que me lo regaló, uno de los mejores, no me lo tendrá en cuenta, nos conocemos lo suficiente como para saber que no hubo ninguna otra razón que las expresadas.
 
Hace unos meses leí la última novela de Mario Vargas Llosa (la reseñaré, es una gran obra), y en ella uno de los personajes reflexionaba sobre diversos aspectos de la vida y el acto creativo, citando de fondo el ensayo de Italo Calvino "Seis propuestas para el próximo milenio". Entonces se encendió una luz en mi memoria. Yo tengo ese libro, me dije, creo que lo leí, pero no recuerdo nada de él. Así que lo busqué, y efectivamente, en el lugar adecuado al apellido del autor, allí estaba. Claro que lo recordé, y no, no lo he leído pensé cuando lo tuve en mis manos. Entonces lo abrí. Había una dedicatoria,: "Chuang Tzu dibujó un cangrejo... ¿Qué haremos nosotros en los próximos diez años? Esperemos que sea bello... (ni rico [?] ni leches)". Me emocionó. Han pasado doce años, amigo mío, y mira que hemos vivido cosas. Pero aquí seguimos los dos, amigos después de tantas cosas. No recuerdo una sola vez que nos hayamos enfadado el uno con el otro. Tu dedicatoria, además, resultó predictiva respecto al libro, como descubrirás algo más abajo.
Por supuesto, leí el ensayo. Tenía dos elementos de interés añadido: confío enormemente en la capacidad intelectual de mi amigo, y además causó honda impresión a uno de los grandes escritores del último tercio del S. XX y principios del S. XXI. Un libro publicado en 1988, que debemos entender como "póstumo", y que analiza cómo deberá ser la literatura del segundo milenio. Ahí es nada. Realmente concebido como un conjunto de seis conferencias que Italo Calvino debió haber dictado en la Universidad de Harvard, dentro de la Cátedra "Charles Eliot Norton Poetry Lectures" que fue invitado a ocupar en el curso 1985 - 1986, el primer italiano que recibía tal encargo. Esta Cátedra tiene como peculiaridad que cada año es ocupada por un gran creador e intelectual (entre otros Stravinsky, Borges, Octavio Paz, Panofsky, Hindemit, Baremboin... y sólo un española: Jorge Guillén), que debe elegir un tema y desarrollarlo en seis sesiones. Casi todas ellas han sido publicadas, desde 1926 en adelante.
 
Pero Italo Calvino falleció una semana antes de trasladarse a Harvard, y nunca llegó a escribir la última conferencia, que había decidido completar durante su estancia en la Universidad. Sin embargo, las otros cinco, inmaculadamente mecanografiadas y archivadas, fueron encontradas intactas, y a decir de Esther Calvino y de otros grandes estudiosos del autor italiano, lo más probable es que las hubiera publicado tal cual se encontraron, con pocas correcciones. Cada una lleva como conciso título una característica que para Italo Calvino ha de tener la literatura del S. XXI: Levedad, Rapidez, Exactitud, Visibilidad y Multiplicidad. Por supuesto, el contenido de las mismas desarrolla cada concepto. La sexta sabemos que debería titularse "Consistency", que en español puede traducirse como Consistencia, pero también como Consecuencia e incluso como "Lista de componentes"; así que si los editores de la obra no se atreven a traducir el concepto, yo tampoco lo voy a hacer. Calvino emplea en cada conferencia diversos ejemplos de la historia de la literatura para reforzar sus ideas: Ovidio, Bocaccio, Cavalcanti, Gadda, Musil, Mann, Borges... De las notas que dejó, se sabe que esta última conferencia iba a emplear, entre otros, a Melville, y en concreto a su obra Bartleby. A partir de la edición de 1998, se añadió una conferencia que se encontró entre sus papeles ocho años después de la muerte del escritor, "El arte de empezar y el arte de acabar". Al parecer, Calvino había dicho que tenía material para escribir ocho conferencias, pero la cátedra le exigía cerrar el tema en seis. Incluso llegó a decir que había escrito una más que nunca se encontró y que quizás sea esta, aunque Esther Calvino no se atreve a afirmarlo. Sea lo que sea, está perfectamente encajada en el conjunto, aunque no tenga el acabado perfecto de sus cinco compañeras de edición.
 
No voy a desarrollar cada capítulo, imagino que de una obra editada en 1988 debe haber decenas de reseñas, críticas, reflexiones e incluso ensayos que expliquen mucho mejor que yo cada uno de los contenidos, con los que me he sentido muy identificado como escritor (incluso para reconocer mis defectos, caso de Rapidez). Sólo quiero decir que me parece un libro indispensable para quien desee escribir actualmente, y también para quien desee enfrentarse a los estudios literarios. Es de una gran contundencia, con ideas difícilmente refutables: es Alta Cultura con mayúsculas y surge de un proceso vital, literario e intelectual profundo, exhaustivamente comprendido y analizado. Además es un texto bello en su concepción y su calidad.
Sólo quiero detenerme en algo que me impresionó desde el principio de mi lectura. Mi amigo se preguntaba en su dedicatoria qué nos depararían los siguientes diez años. Curiosamente, esa pregunta tiene mucho que ver con lo que me admiró de las propuestas del libro. Italo Calvino ni conoció, ni se imaginó, la existencia de internet, buscadores y navegadores, redes sociales, teléfonos móviles, procesadores de texto, correctores o editores informáticos. Cuando fallece, en 1985, todavía eso del "ordenador personal" era algo que sonaba a quimera futurista. Nunca se enfrentó a las tecnologías de la información y la comunicación que hoy inundan nuestra realidad y que sin duda han revolucionado nuestra vida y nuestra sociedad hasta límites que aún ni siquiera sospechamos. Insisto en la idea, no sólo no las conoció, sino que ni siquiera las intuyó.
 
Sin embargo, sus propuestas para una literatura del segundo milenio encajan, una a una, en el panorama actual. No hay nada de lo sucedido gracias a la tecnología y a internet que pueda hacer variar un ápice lo reflexionado por el autor. Las propuestas de Italo Calvino parecen haber sido formuladas pensando en la celeridad que hoy en día se exige al texto escrito, motivada por los email, las entrada en facebook o en un blog, los chats como whassap, los casi fallecidos sms, Google e incluso los tuits; en una sociedad en la que el bombardeo informativo audiovisual puede llegar a ser asfixiante. Piensa sólo en el significado de las palabras levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad y consistency... ¿Las aplicarías o no a la nuevas formas de comunicación y, por ende, de creación? Pues sí, una tras otra. Otrosí, si estas nuevas formas de expresión quieren ser sustanciales y tener consistencia para convertirse en un proceso creativo trascendente, deberán cumplir estas premisas, o no serán nada.
Ahí está la grandeza de los grandes intelectuales, en la trascendencia de su pensamiento, en la perdurabilidad de sus ideas, en la aplicación de sus análisis incluso cuando las cosas han cambiado tanto. No pasa todos los días, ni siquiera hay muchos ejemplos en la historia. Italo Calvino se convierte, con este libro, no en un visionario, como escribirá algún curso, sino en uno de los indispensables pensadores del S. XX, dejando atrás a otros que aún hoy parecen tener más renombre, pero que el tiempo dejará atrás, tarde o temprano. Te dejo este video encontrado en youtube, de la serie de televisión mexicana "Imaginantes" dedicado a Italo Calvino.

sábado, 19 de abril de 2014

Riccardo Muti en el Teatro Real: "Messa da Requiem".

 
La Fundación "El Greco", con motivo de los actos conmemorativos del IV Centenario del pintor, programó un concierto excepcional que tuvo como escenario la Catedral de Toledo, el pasado 12 de abril. Se trataba de una interpretación de la "Messa da Requiem" de Giuseppe Verdi, dirigida por  Riccardo Muti al frente del Coro de la Comunidad de Madrid y la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini. Dos días después, en virtud de la colaboración entre dicha Fundación y el Teatro Real, se repitió en el coliseo operístico madrileño. Las circunstancias, además, hicieron que se dedicara a la memoria de Gerard Mortier, recientemente fallecido.
 
Salvo por el escenario, lo cierto es que no creo que hubiera grandes diferencias entre ambas convocatorias. La madrileña, a la que pude asistir, fue magnífica. No llegó a representación histórica por razones que luego comentaré. Pero para mí fue como escuchar la obra por primera vez, pues tales fueron las novedades que el director imprimió a su interpretación. Acaso no tantas, dado que conocemos la obsesión de Muti por las lecturas limpias de las partituras en su edición original, y quizás lo que a un espectador acostumbrado a esta pieza le pareció diferente no era más que el retorno al valor genuino de la partitura.
 
Empecemos por lo que falló para hacer de la noche una representación "histórica", aunque fue sin duda memorable. Un coro bien empastado al que en algún momento le faltó algo de cuerpo. Una orquesta delicada de músicos en formación (entre 18 y 27 años) con una calidad evidente pero sin la historia y tradición de las grandes formaciones;  ya que no podemos olvidar que fue fundada en 2004 por el propio Muti y tiene una gran movilidad entre sus componentes. Por último, los solistas no alcanzaron, en grupo, ese punto de excepcionalidad más allá de la interpretación solvente, incluso brillante.
 
Pero Riccardo Muti es posiblemente el mejor director verdiano de la actualidad, y también posiblemente el mejor director de ópera. Lo sabemos todos, y ello añadió ese plus de emoción que sentíamos los que estábamos esa noche en el Teatro Real.
 
Quiero indicar algunas de las cosas que más me interesaron. Lo dije brevemente en mi facebook. En primer lugar, sin duda alguna, los tempi, muy vivos, que el director imprimió a la partitura. Acostumbrados a interpretaciones históricas más pausadas, Muti jugó con el tempo con ductilidad y flexibilidad, sin un metrónomo clavado en las meninges, como sucede a otros directores que han trabajado, y mucho, en el Teatro Real.  Para empezar, desaparecieron casi todos los silencios entre los siete movimientos, salvo, si no recuerdo mal, entre el "Sanctus" y el "Agnus Dei", donde creo que además la pausa estuvo motivada por un detalle que espero no olvidarme de comentar al final de esta entrada. Pero, por ejemplo, entre el sexto y el séptimo movimiento ("Lux Aeterna" y "Libera me") no hubo ni el más mínimo momento de pausa, apenas acababa de diluirse el último sonido precedente, la soprano  Tatjana Serjan empezaba su parte. Pero incluso tras la bellísima estrofa "Requiem aeternam dona eir, Domine, et lux perpetua luceat eis", tan leve y reposada, Muti exigió de la cantante comenzar de nuevo un vociferante "Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda" sin darle más tiempo que el necesario para respirar. Aunque no te lo creas, lo comprobé por el reloj: Muti rebajó en casi medio minuto las duraciones habituales de este movimiento. Eso, en música, es mucho tiempo. Lo suficiente como para que nos diéramos cuenta de la viveza del tempo y de la ausencia de pausas. Pero reflejo de esa ductilidad estuvo justo en la estrofa final del coro, que empezó con un Muti conteniendo el tempo para dejarlo segundos después fluir a mayor velocidad. Eso, yo, en grabaciones y en directo, no lo había escuchado jamás, y hay que tener una gran comunicación con tu orquesta para conseguirlo con tanta perfección.
Pero si el tempo fue una de las novedades de la noche, no lo fue menos la belleza del sonido, la claridad con la que cada una de las secciones orquestales realizaba su trabajo, con una especial mención de los metales y la percusión; y como la coordinación era absoluta, sin concesiones: el sonido llegaba perfecto, interpretable, reconocible, limpio, sin incoherencias ni rupturas. Ese sonido analítico que siempre ha caracterizado, para mí, a los grandes directores y cuya ausencia evidencia a los mediocres.
La tercera novedad que quiero destacar está referida al tenor. No a Francesco Meli, en sí mismo, que es un cantante serio y cuidadoso, sino al tipo de voz. ¿Qué nos ha dejado habitualmente la tradición interpretativa del "Requiem"? Tenores que cantan con toda heroicidad, que comienzan su "Kyrie eleison" casi como Siegmund encuentra su espada vencedora. Sucede así cuando el tenor es un lírico spinto o un dramático (Vickers, Domingo, Di Stefano, Gigli), pero también podemos sentir como los directores más reputados se lo exigen a tenores líricos o incluso líricos - ligeros (Karajan a Carreras y a Pavarotti,  Abbado a Merrit o a Alagna, Solti también a Pavarotti...) . Muti, sin embargo, escoge un tenor lírico y lo hace actuar como un tenor lírico. Su entrada fue la más recogida, pese a la vibrante fuerza, que yo he escuchado nunca. Verdaderamente un pecador pidiendo piedad a Dios, que es al fin y al cabo lo que "Kyrie eleison" significa.  Francesco Meli apiana con facilidad, es una de las características de su voz, tiene una gran dulzura en la emisión, y carece de un volumen heróico, por supuesto, aunque su proyección sea más que solvente. Riccardo Muti aprovecha estas cualidades de la voz, hasta el punto que el "Ingemisco" y el "Lux Aeterna" tuvieron una enorme belleza gracias a su intervención.
 
Aquí está, yo creo, la clave. Aprovecho unas declaraciones, días antes, del propio director, que se quejaba de cómo el "Requiem" era interpretado, las más veces, como una partitura operística, incluso con cierta ramplonería. Defendía que había que leer claramente la partitura, muy exigente en matices, y conocer perfectamente el texto para no caer en incongruencias musicales, quizás muy expresivas, pero que no hacen justicia a la música. Cumplió, porque su interpretación fue exactamente eso: una Misa de Requiem, por mucho que se celebrara en un teatro y al final aplaudiéramos hasta hacer salir a los interpretes un total de siete veces a saludar. Pero no fue otra cosa que música religiosa. De ahí muchos de sus matices, de ahí su ductilidad y, sin duda, la espiritualidad que se sintió en todo momento. Hubo momentos en los que uno de los Teatros más grandes de España parecía una pequeña ermita recoleta y anónima. En ese sentido, el objetivo Muti estaba cumplido. Como por suerte podemos comparar esta interpretación con otras del mismo director, vemos como Muti ha ido variando su concepción global de la obra a lo largo de los últimos años. Nada que ver este "Requiem" con el que dirigió, por ejemplo en Verona en 1980 con Caballé, Fassbaender, Luchetti y Raimondi, y que puedes encontrar en youtube. Ahí pesaba el sentido más operístico de la tradición. Personalmente siento el mayor respeto por los intérpretes musicales que evolucionan en su propio criterio musical y puedes sentir perceptiblemente cómo a lo largo de los años la madurez y el mayor conocimiento intelectual, así como práctico, de su trabajo, lo hacen arañar nuevas interpretaciones y riquezas expresivas en la misma partitura. Lo he sentido con Muti, con Abbado, con Karajan, Solti, Bernstein, Arrau, Larrocha, Caballé, Sutherland y tantos otros... A veces he notado involuciones (el mismo Solti con Wagner o Puccini); y otras veces intérpretes planos, que llegan a un punto y se detienen en él por los siglos de los siglos (no pienso citar a nadie).
 
La citada soprano Tatjana Serjan se ha generado una sólida reputación, basada en una brillante carrera que incluye papeles como "Tosca" y, sobre todo, la "Lady Macbeth" verdiana, en la que algunos consideran se convertirá en referencial. Se presenta, sin embargo, tanto en el programa como en internet, como "soprano coloratura". Tengo mis serias dudas. No la he escuchado en vivo en ninguno de los dos papeles citados, pero me pareció un poco dura, a veces excesiva en dramatismo; aunque no puedo negar que su intervención en este "Requiem" fue excelente pese a algunos problemas de proyección. Pero debería tener un poco más de cuidado con su zona aguda, porque a veces se pierde en la afinación y en el volumen (el terrible agudo final que debe romper la muralla de sonido de la orquesta y el coro no llegó a las filas altas del Teatro, y creo que tampoco a las más bajas). 
Más elegante me resultó la mezzosoprano Ekaterina Gubanova, acostumbrada a la "Princesa de Eboli" del "Don Carlo" de Verdi y a la "Adalgisa" de "Norma" de Bellini, como muchas de sus ilustres antecesoras. Se notaba esa formación italiana y belcantista, aunque a veces se peleaba con el italiano y también con el volumen. La orquesta y el coro la anulaban mucho más de lo deseable. El bajo Ildar Abdrazakov estuvo correcto, impecable, pero no llegó a emocionarme, perdido a veces en el volumen (sus principales papeles son de Bellini, Cherubini, Donizetti y Rossini). Todo ellos son habituales de Muti, y están más que acostumbrados a la disciplina del director.
Entonces, con los problemas que he expresado, ¿dónde estuvo lo memorable del concierto? Pues en algo muy sencillo: que con Muti, como casi siempre, la que gana es la música, la partitura y el compositor. En ellos se centra su trabajo, y no en la preeminencia de intérpretes olímpicos. Es la música, en estado puro, es el interés del compositor, lo más sincero posible, esa vieja pelea de Muti con la tradición que le ha dado grandísimo momentos, y también algún que otro fiasco. Su grabación de "I Puritani" de Bellini por ejemplo lo tiene todo para ser histórica: Montserrat Caballé, Alfredo Kraus, Mateo Manuguerra, Agostino Ferrin... Pero la férrea disciplina que el director impone, sin margen alguno al canto a piacere o a las variaciones en las coloraturas la convierten en un experimiento tan fallido como aburrido que sólo brilla parcialmente justo por lo contrario que el director quería: varios momentos de las interpretaciones de Caballé y Kraus. Estoy convencido de que hoy lo habría hecho de otra forma.
Fue una gran noche, y yo la recordaré como una de los grandes momentos musicales que he vivido.
No puedo terminar sin añadir que el Teatro Real cada vez tiene a un público más maleducado, que no duda en hablar, abrir caramelos o toser a todo volumen en los momentos más insospechados, y que fue sin duda la razón por la que Muti hizo una pausa entre movimientos. Llegó a ser insufrible, insoportable. Creo que habrá que pedir al Teatro Real que aparte del asunto de los móviles recuerde a los espectadores meterse el caramelo en la boca antes de que empiece el concierto o que es posible amortiguar el ruido de una tos con un simple pañuelo. En el Liceu, me consta, lo advierten por escrito.
Para disfrutar, una buena interpretación debida al aburrido Zubin Metha al frente del Musica Sacra Chorus y la New York Symphony Orchestra con Caballé, Domingo, Berini y Plishka, que recientemente ha sido editada en CD y de la que tarde o temprano aparecerá el DVD.

martes, 14 de enero de 2014

Algunas cosas que tener claras antes de acoger un animal, 01.

 Sabes que me gustan mucho los animales, y que llevo años conviviendo con alguno. Ahora mismo tenemos 3 mascotas: Esteban Elhurón, nuestro machote favorito; Goloso, un hermoso drattar que al principio me odiaba y ahora me adora, y que sacamos de un refugio; y Celta, la recogida en medio de un monte gallego perdida y casi muerta. Ellos son los que ilustran esta entrada.

Nos gustan mucho los animales, y tenemos cierto nivel de compromiso. Por eso estamos o hemos estado dispuestos a acoger perros temporalmente, mientras se les encuentra una familia. Nuestras condiciones son: perro anciano, al que darle un hogar y una estabilidad en estos tiempos finales de su vida (que pueden ser seis meses como seis años); esterilizados, bien de salud (con achaques de la edad, claro, pero sin enfermedades graves o infecciosas por nuestros otros animales) y mínimamente educados (que hayan vivido alguna vez en una casa).

En los últimos quince días hemos tenido dos experiencias desagradables, y siempre con un mismo denominador común: las personas que nos alertaron y convencieron para hacer una acogida han sido  amantes de los animales, activistas que van un poco por libre, ansiosas por "salvar perros" con cierto complejo de Teresa de Calcuta. En ambos casos la experiencia ha resultado fallida y nos ha dejado decepcionados, impotentes y definitivamente tristes. Dos personas diferentes pero que tuvieron el mismo comportamiento.

El primer caso fue un perro del que nos dieron unos datos que en absoluto se correspondían con la realidad, y además intentaron que lo acogiéramos mientras otra familia ya se había interesado y estaba en proceso de adopción. Dimes diretes, ya va, no viene, al final tuvimos que decir no, y encima llevarnos un pequeño rapapolvo porque la intermediaria no comprendía que no se puede mentir, y decir que un perro tiene 10 años y pesa 20 kilos si tiene 7 y pesa 40. Días después recibí una llamada de la asociación que tenía a ese perro, me pidieron disculpas y se aclaró lo sucedido.

El segundo caso lo hemos vivido hoy. Nos aseguran que un animal de apenas 2 kilos perfectamente educado necesita acogida urgente o lo sacrifican. La realidad: no pesa 2 kilos, no está educado, no hay peligro de sacrificio inminente y sobre todo su historia es una mentira de principio a fin con verdades parciales. Pero cuando te das cuenta ya tienes el perro en casa y decides tirar unos días. No hay forma: el animal no puede vivir contigo, es absolutamente imposible y tiene estrés él, tienen estrés tus otros animales, y lo tenéis tú y tu familia. No voy a contar los detalles, pero al final el pobre animal estaba encerrado en una habitación y mis perros en otra porque no podían convivir (y mis perros son nobles y pueden vivir con un tercero, pero no con éste por su realidad). Y el perrito es maravilloso, en serio, es buenísimo, le encanta jugar y es muy divertido, pero no puede quedarse en casa, desgraciadamente. Entenderéis cómo te sientes en una circunstancia así con un animalito de 11 años.

Otra vez lo mismo: una amante de los animales, ansiosa por salvar al animal, nos mintió piadosamente. Otra vez hemos tenido que ponernos en contacto con la asociación directamente para resolver la situación.
 
Consejo: cuando acojáis o adoptéis un animal, hacedlo a través de una asociación, poneos directamente en contacto con ellos. No lo hagáis a través de un intermediario/a que normalmente es un amante de los animales con muy buena fe, pero os puede liar una importante. A nosotros nos han mentido en lo más básico: tamaño, edad, enfermedades, esterilización, comportamiento 
 
Acoger a un animal es algo maravilloso, eres el puente que lo calma y lo serena mientras llega su hogar definitivo. Pero para hacerlo debes tener todos los datos y dejar claro cuál es tu nivel de compromiso. En caso contrario tendrás un animal en casa que a medida que pasa el tiempo cada vez te da más lástima, pero ni es feliz ni te hace feliz a ti porque es absolutamente incompatible con tus circunstancias. El nivel de ansiedad y de mala conciencia que se crea es duro. Personalmente he decidido salir de todos los foros y páginas en los que estaba inscrito: a partir de ahora algunas asociaciones serias tienen mis datos y mis condiciones para acoger un animal temporalmente, cuando tengan necesidad se podrán en contacto conmigo.        
Pero se acabaron las historias de fulanita de no sé dónde que sabe de un perro de la asociación no sé qué que necesita acogida urgente o lo van a sacrificar. O fulanita que tiene una página de acogidas de perros en facebook y en lugar de dar el email directamente de las asociaciones que tienen a los perros que anuncia, da el suyo, por si acaso. Porque fulanita está tan ansiosa por salvar al animal que te dice exactamente lo que quieres escuchar, pero no la verdad. Si no te ponen directamente en contacto con la protectora, desconfía.

viernes, 6 de septiembre de 2013

De libros: "Las Historias de un bobo con ínfulas", de José Antonio del Pozo.

 
          
           Cumplir 40 años produce una inflexión en la vida. La juventud queda totalmente atrás, pero tampoco eres, o tienes sensación de ser, “mayor”, ni “maduro”. Es la edad más rara. La década anterior es la de formación, en la que diseñas y haces tu vida, consigues tus primeros logros personales y profesionales. Te das forma definitiva tras la locura de la veintena. A partir de los 50, te asientas, sabes quién eres, la vida ha dado sus frutos… La mayor parte de los cincuentañeros que conozco tienen esa placidez de conocer la vida. En los 40 son las renuncias y las equivocaciones. Si no funciona tu pareja o el desgaste acaba con ella, es a los 40 (aunque yo sea una rara avis, que fundé mi familia justo a esa edad). El ímpetu profesional disminuye  y viene los problemas y las renuncias. La soledad pesa más. Te das cuenta, si vas a una discoteca o cualquier lugar de reunión social, que para mucha gente dejas de existir: no es que no te miren, es que no te ven. Te vuelves transparente. Aún no tienes el atractivo de los maduritos, y has perdido la frescura de la juventud. Tus hijos dejan de ser niños y empiezan a ser insoportables adolescentes, o más allá. Cambia tu relación con ellos. En fin, es un periodo de transición en el que cuesta mucho saber qué pasa, quién eres, o a dónde vas. Te lo planteas todo, te da la sensación de que aún tienes tiempo de cambiar. Te angustias o te mata la ansiedad. Y si no has sido un gran deportista ni te has dedicado a la vida sana, el cuerpo empieza a pasarte factura: el dolorcillo en el cuello al levantarte, los comienzos de algunas enfermedades de “viejo” (artrosis, vista cansada…). Prueba a ir al médico, empezarás a escuchar la expresión “normal a su edad”, que te dejará ganas de reventarle la cabeza al galeno. Da un poco de rabia sentirte pleno mentalmente y que el cuerpo no responda a esa plenitud. El cansancio por cualquier esfuerzo que antes hacías sin importarte. Finalmente, te aggiornas. Es una edad de pérdida de rumbo. Quizás esté exagerando un poco, pero más o menos es así: los cuarenta queman mucho.
           ¿Por qué esta introducción tan negra? Porque es, desde mi punto de vista, una de las claves del libro que quiero reseñarte: “Las Historias de un bobo con ínfulas”, de José Antonio del Pozo, sobresaliente escritor y amigo virtual –no nos hemos visto nunca– que presenta con este libro de relatos una hilarante colección de vivencias de su alter ego, Armando, que bucea en las procelosas aguas de la cuarentena después de la ruptura de su matrimonio. Historias divertidas, historias tristes, historias surrealistas que desgranan las vivencias de un personaje que podemos ser muchos de los que vivimos nuestra adolescencia y primero juventud en los ochenta y encaramos ya la madurez en una sociedad tan cambiada como perdida.
          Harto de intentarlo por las vías habituales, José Antonio del Pozo se lió la manta a la cabeza y ha decidido autoeditar su propio libro, a través de la Editorial Círculo Rojo. Él mismo lo distribuye y vende, más abajo te dejaré el contacto por si te animas, que espero que lo hagas. Es una pena que autores que merecen la pena, escriben bien, y tienen cosas que decir no entren en el circuito de las editoriales, en un país en el que hasta el concejal de festejos del pueblo más recóndito de la meseta consigue que le publiquen y distribuyan un libro. No sé si me explico. Pero las cosas están así, y sospecho que manuscritos de calidad que muchos querríamos leer están durmiendo en los cajones o los discos duros de sus anónimos autores.
             Por eso me llamó la atención la propuesta de José Antonio del Pozo, y decidí comprarle un ejemplar y leerlo con fruición. La verdad es que he disfrutado mucho. Una redacción clara, sin ínfulas, pese al título, que desgrana historias en las que muchos nos veremos identificados. A mí me gustaron especialmente varias historias. La primera, titulada “Triste de mí” en la que el protagonista, presa de un ataque de celos y despecho, ingiere litros de agua del grifo en Egipto con el consiguiente resultado intestinal. Fueron mis primeras carcajadas, y me dieron a entender que el libro que tenía entre las manos merecía la pena. O la aventura en “Mari Gloria peluquería Unisex”, que, como reza el autor “Ya empezamos mal”. O la locura adolescente de la “Chica Rubia de Celeste Diadema”, que como siempre prefiere al deportista malote antes que al insignificante empollón. Historias de sexo escondido, con la tía política insatisfecha, con la china que pide dinero en el metro mientras interpreta música, con la gordita que resulta ser deficiente y te cuesta una soberana paliza, o con la vecina de dulce olor, con la camarera... La graciosísima historia de Julius, que se embarca en una cruzada evangelizadora por puro deseo. Al final se queda con la chica y aparcan ambos la fe. En fin, historias con las que sentirse identificado, en un Madrid de todos, con paisajes variables pero no cambiantes, y que se van graduando con maestría: cada vez un poco menos hilarantes, cada vez un poco más oscuras, cada vez más reflexivas. Pero sin perder el sentido del humor, del pobre triunfador del karaoke que se ve perseguido por dos polacos calle abajo hasta terminar desplumado, literalmente, y con el culo al aire en una mañana gélida.
           Es un libro que hay que leer. Si tienes cuarenta, si los has tenido, y si pretendes tenerlos. Vas a disfrutar mucho con las historias porque debajo del surrealismo subyacen realidades con las que te vas a sentir muy identificado. Altamente recomendable, no debes dejar de leer “Las Historias de un bobo con ínfulas”, que no son más que las vivencias ocurridas o no de un tío muy inteligente. Ponte en contacto con él a su correo, josemp1961@yahoo.es. O en su cuenta de twitter, @joseantoniodelp. También te recomiendo encarecidamente su blog http://elblogdejoseantoniodelpozo.blogspot.com.es/ en el que trata de diversidad de temas, como reza su subtítulo: “Política, literatura, cine, sociedad”. Esperemos que haya más entregas, y que las veamos en las librerías. Y si quieres, pincha aquí y tendrás una entrevista con el autor, que nos explica algunas claves de su obra, de ahí robo esta foto de José Antonio.
 

viernes, 14 de junio de 2013

Flagstad, Varnay, Nilsson: Tres concepciones, una Brunhilde.

Flagstad Varnay Nilsson
Kirsten Flagstad, Astrid Varnay, Birgit Nilsson
Siempre pensé que para acercarme a Wagner necesitaba un esfuerzo intelectual de comprensión, análisis y estudio  que me daba un poco de pereza, lo reconozco. Pero bueno, todo llega en esta vida, y ese momento llegó hace un par de años. ¿Por qué Wagner supone ese esfuerzo? Porque hay que entender el proyecto intelectual que su música pretendía, renovador y reformista; hay que entender la propia estructura musical empleada, desde las orquestaciones, el famoso leit motiv, el uso de instrumentos de manera extravagante para la época (las trompas, por ejemplo); hay que entender el marco ideológico; y hay que estudiar los libretos en relación con todo eso. No significa que sin saber eso no se pueda apreciar o incluso adorar la música del teutón, pero con las alforjas bien llenas, el disfrute puede ser todavía mayor. ¿La ópera italiana es más sencilla? No exactamente, pero sí es más sincera, deviene en sí misma el cómo y el por qué. Wagner tiene un grado de confusión de ideas, y evito conscientemente usar el término complejidad, que lo hacen a veces menos evidente. Sobre todo en la Tetralogía. 
Richard Wagner
Este blog, desde siempre, es para explicar sensaciones y proponer ideas. No voy a ponerme aquí a analizar la obra de Wagner y a desentrañarla primero porque no tengo ni idea de cómo hacerlo, segundo porque me faltan conocimientos, tercero porque no es mi estilo y cuarto porque no puedo, y cuando no se puede no se puede. Además (quinto) si pudiera no querría hacerlo. Me he ido zambullendo en la Tetralogía, cada vez con más intensidad, hasta el punto de que me he llegado a escuchar varias versiones seguidas, e incluso las he comparado. No me da vergüenza decirlo: para ser un melómano, he escuchado más Wagner en mi año 42 que en toda mi vida.
Sellos conmemorativos de la Tetralogía, Uruguay.
Tampoco es que os vaya a contar y analizar versiones, porque están tan manidas que estaría asando la manteca: hay cientos de artículos sobre ellas y miles, en serio, entradas de blogs y foros al respecto. Ahí no pinto nada. Posiblemente tampoco en lo que quiero hacer, pero es algo que me apetece porque he reflexionado sobre ello y quiero ponerlo negro sobre blanco. Se trata de interpretaciones vocales, y muy especialmente de analizar las diferencias y confluencias de 3 sopranos referenciales en el papel de Brunhilde, posiblemente junto a Wotan la gran protagonista del Anillo del Nibelungo. La Walkiria amada, la más noble, la más valerosa, la más fastidiada por su propio destino. Masacrada sistemáticamente por cada hombre que se relaciona con ella de una u otra forma, es un personaje atractivísimo para un estudio feminista del trasunto wagneriano, aunque también algo estereotipado y de cartón piedra. Por cierto, gracias a mi amigo Hugo Álvarez descubro que la reciente versión del Anillo ejecutada en la Ópera de Copenhague desarrolla esta idea feminista con Brunhilde como protagonista.
Pero esta entrada de blog, que ya empieza a ser eterna (no es la síntesis una de mis virtudes) tampoco es para analizar personajes. Quiero contaros mis impresiones sobre tres grandes intérpretes del papel y explicaros por qué desde mi punto de vista siguen siendo las referenciales  en el mismo: Kirsten Flagstad, Astrid Varnay y Birgit Nilsson. A veces fastidia un poco que pese a los esfuerzos de muchísimos, y notabilísimos, intérpretes, haya unos pocos que se alzan con el podio de ser referentes. Ha habido grandes Brunhildes en los 70, en los 80, en los 90 e incluso ahora mismo. Sin embargo, estas tres olímpicas siguen estando a unos niveles por ahora igualados (Irene Teorin, por citar una de las más recientes) pero no superados. Es como si con sus tres visiones del personaje lo hubieran clavado, desde todos los puntos de vista, y aún hoy nadie hubiera sumado un centímetro a la imagen que nos dieron de la Walkiria. Es un poco extraño, porque la Nilsson hizo sus últimas grandes interpretaciones del rol en la primera mitad de los 70, es decir, hace 40 años. El hecho de que algo parecido suceda con muchos roles de la ópera italiana (Norma, sin ir más lejos, que no ha tenido una intérprete referencial desde que Caballé abandonó el rol en los 80) ¿podría llevarnos a colegir que la generaciones de cantantes de los 90 hasta la actualidad adolece de cierto nivel? Pues yo antes pensaba que eso era un cuento de “viejecitos” pero empiezo a pensar que si bien hoy hay grandes especialistas en diversos repertorios, faltan grandes figuras, y faltan grandes figuras porque se ha perdido algo en la enseñanza y tradición musical. Al final de lo que te cuento de cada cantante, un video para que puedas disfrutar con ellas.
Kirsten Flagstad empezó a cantar Brunhilde a finales de los años 20 del siglo XX.  Astrid Varnay a principios de los 40 y Birgit Nilsson a mediados de los 50. De las tres, a la hora de poder disfrutarlas, juega con ventaja Birgit Nilsson, por dos razones: el primero, práctico, el segundo morfológico. El práctico es que sus grabaciones son técnicamente impresionantes, muy especialmente el Anillo que bajo la batuta de Solti grabó para Decca en la primera mitad de los años 60. Monumental desde todos los puntos de vista, el de la ingeniería de sonido también. El morfológico es que no hay que tener una gran finura de oído para saber que es la que tenía el registro más amplio, desde los graves a los agudos, y la que poseía un mayor volumen. Sólo hay que comparar el tremendo agudo que corona el verso “in mächtigster Minne vermählt ihm zu sein!”  a punto de terminar con la escena de la inmolación: lo emite, siempre, con una seguridad y una amplitud que casi parece chulería. Flagstad lo da sin problemas pero acusa la dificultad, a Varnay lo sufre. Por el contrario, es a Nilsson a la que más cuesta apianar, porque cuando se posee un océano vocal, domeñarlo y hacerlo un suave arroyo es un esfuerzo titánico.
Por ser la fonografía la única fuente con la que podemos apreciar su trabajo, la que más sale perdiendo es Kirsten Flagstad. Las tomas de sonido de sus años gloriosos son malas, monoaurales, estáticas, deforman enormemente la voz. Para cuando por fin se la graba con una mejora técnica considerable, a finales de los 40 y principios de los 50, su voz acusa la edad, y no nos llega con la plenitud que debería. Pero es una cantante notabilísima, un músico excepcional, todo lo hace con sinceridad y con una seriedad profesional fuera de toda duda. No obstante fue una soprano que logró unas cotas de éxito y popularidad más allá del círculo de operófilos, considerada la mejor de su época, y todo eso en unos tiempos donde no había mass media para consagrarse: fue la soprano más conocida y aplaudida del periodo inmediatamente anterior a Maria Callas. Por cómo y cuando se formo, es la soprano que más nos acerca a la manera en la que se interpretaba y entendía a Wagner en su primera tradición. La voz, si bien algo menos poderosa que la de Nilsson y con un registro menos seguro en los extremos, sin embargo posee una gran belleza. También sorprenden sus portamentos, muy especialmente hacia el final de su carrera, pues Flagstad no tiene dificultad en usarlos aún cuando están tan contraindicados para la ópera alemana. Eso hará que algunos tengas problemas al escucharla. Sin embargo, a día de hoy, sigue siendo la Isolda más completa que yo haya escuchado jamás. Desgraciadamente, como ya dije, la zona aguda le fallaba cuando las tomas de sonido comenzaron a ser mejores, y los trucos técnicos que se emplearon para suplirlos se notan. Pero hay que ser muy imbécil para estar escuchando una Brunhilde impecable o una Isolda exponencialmente superior y quejarse porque un determinado agudo tiene truco, un puñado de segundos irrisorios en horas de interpretación. Pues bien: hay imbéciles que todavía hoy se regodean en ello.  A Kirsten Flagstad esa realidad, muchas veces, le mortificaba.
Sin embargo, aunque sea una de esas apreciaciones a veces difíciles de explicar, la Brunhilde de Kirsten Flagstad, en los registros que he podido escuchar, establece un planteamiento muy interesante que quizás ha marcado una pauta en el resto de cantantes wagnerianas. La dualidad del personaje, de naturaleza divina y sentimientos humanos, se equilibra y balancea de una forma muy estudiada, muy medida, en todas sus interpretaciones. Flagstad se decanta por la divinidad. Su Brunhilde es un ser superior, un ser puro y por encima de los mortales, una divinidad, mantiene esa elegancia y esa presencia divina en todo momento, muy especialmente cuando comienza su duo con Sigmund. La diosa solemne se entrega a su cometido. Sin embargo, la naturaleza humana, y más aún en el imaginario del S. XIX, la naturaleza femenina, hace su aparición a medida que avanza ese mismo dúo, y se va resquebrajando hasta que notamos, percibimos, que va a imponerse y no seguirá las instrucciones de Wotan. La voz se abrillanta, el entusiasmo altera incluso la línea vocal, se llena de luz. Así se mantiene hasta que de nuevo se encuentra con Wotan, ya al final de la Walkiria, para sufrir su castigo. De nuevo aparece la divinidad, que se entrega a su destino con la dignidad de lo que es. Notamos exactamente la misma resolución del personaje cuando se encuentra con Siegfried, la lucha entre humanidad y divinidad, que la llevan incluso a la exasperación. Es increíble como las dos naturalezas quedan audiblemente diferenciadas sólo con matices vocales, la voz se aligera, se libera, fluye con nerviosismo cada vez que la Walkiria se enfrenta a los humanos sentimientos del amor, se oscurece y adquiere un tinte de infinita elegancia cuando se impone el ser inmortal. Incluso cuando clama venganza por la traición de su amado, es más divina que humana. Claramente significativo en toda la escena de la inmolación, esa barbaridad que Wagner impone a la soprano que, después de haber cantado todo, y a los más elevados extremos, tiene que correr un sprint final de 19 minutos por los que pasa por todos los momentos emocionales, sube a lo más alto del pentagrama, baja a la caverna con insoslayables graves, y necesita de un control de la respiración fuera de toda duda. Aquí es donde, desde mi punto de vista, Flagstad resuelve mejor incluso que sus afamadas colegas, y se lleva el triunfo. Aún hoy me parece la mejor inmolación de cuantas tenemos registro. Sus susurrantes “ruhe!, ruhe! ruhe!” ponen los pelos de punta. El paroxismo final, que muchas resuelven con cierta histeria, alcanza su clímax sin que Brunhilde pierda la cabeza. No es una mujer arengándose para ir al suicidio con dignidad y luchas así contra el miedo: es el ser divino que cumple su cometido, que entra en la muerte con los ojos abiertos, sin titubeos, consciente de lo que va a pasar, sin crispaciones. No es una reivindicación de sí misma, es una reivindicación de lo que significaba el Walhalla y los que allí moraban. De lo que significaba la naturaleza divina de Siegfriedo antes de ser sometido de forma natural y vencido por la naturaleza humana. El misticismo de Furtwangler dirigiendo la ayuda a expresar esa visión, pero la sequedad plúmbea de Leinsdorf no la acobarda, más bien parece que se entrega a la monumental necesidad de superar al maestro que dirige desde el foso. Birgit Nilsson aprende la lección, pues sus últimos compases como Brunhilde siguen este camino, es más, lo desarrollan de acuerdo con un mejor registro vocal.

Si usamos la interpretación de Flagstad como base del análisis, en el caso de Astrid Varnay es la mujer, la muchacha, la que vence en todo momento a la divinidad. Seguidora de Flagstad, quien la impulsó desde los más tempranos momentos de su carrera, también más joven, los registros que nos han llegado son de bastante buena calidad, aunque muchos monoaurales, y todos los que yo he escuchado debidos a tomas en directo, sin posibilidad de maquillaje en estudio. Astrid Varnay tiene una voz amplia, poderosa, segura, pero más ingrata que la de Flagstad y Nilsson desde el punto de vista fonográfico. Aunque sé que es un concepto muy discutible, es la menos bella de las tres voces. Cierta dureza en el registro agudo, tendencia a tonos algo metálicos, harán para los aficionados que, como yo, nunca pudimos verla en escena, que la impresión final no sea tan placentera como en el caso de las otras dos ilustres Brunhilde. Sí, hay momentos en los que la falta de belleza vocal puede distraernos. Pero sin embargo, es posiblemente la mejor actriz de las tres, la que tiene una mayor capacidad de expresar emociones, de poner la música al servicio del personaje y de dotarlo de más sentido escénico. La alocada chiquilla que entra en escena en su primer dúo con Wotan, da paso a una atribulada, desconcertada y desorientada mujer que no quiere cumplir el mandato del padre y sabemos desde el principio que no lo cumplirá. Notamos que se enamora de Sigmund, aunque sea de una manera mística, que salva a Sieglinde a regañadientes, y que como mujer se enfrenta a su padre y asume su castigo de nuevo como una niña asustada. Esa niña trasmuta de nuevo a mujer enamorada y reflexiva con Siegfried, a terrible despechada cuando descubre la traición; y vemos como marca la diferencia con su antecesora en la escena de la inmolación. Aquí, la mujer enamorada se impone en todo momento a la divinidad, la joven que se inmola por y para el amor, que se crispa pensando en lo que sucederá en cuanto cruce las llamas. 
Es una Brunhilde carnal, emotiva, sensorial, que no tiene tiempo para el misticismo. Un matiz de nuevo absolutamente personal: mientras Flagstad sabe en todo momento qué va a decir, pareciera que Varnay reflexiona sobre cada una de sus palabras, las buscara, incluso las perdiera. La más tensa y dramática de las Brunhilde que yo he escuchado, es una experiencia renovadora hacerlo, una lectura radicalmente opuesta, pensada, diferente, que cambia y se acrecienta a medida que pasan los años. Es la actriz, por excelencia, de las tres.
Si nos damos cuenta, aparte de la calidad interpretativa y de la rotundidad vocal, estas tres cantantes se hayan unidas por un denominador común más: son excelentes músicos. Han estudiado detenidamente la partitura y has anotado mentalmente los matices exactos que quieren darle. En el caso de Varnay, la presencia de Keilberth a la batuta en alguno de sus registros más importantes da seguridad a su actuación. Es imprescindible escucharla, yo no he escuchado una Brunhilde tan humanizada hasta la llegada de Irene Teorin hace muy escasas fechas en el feminista “Anillo” de la Ópera de Copenhage.

Entonces llegó Birgit Nilsson, y llegó Decca con su afán de grabar la Tetralogía con los mejores medios técnicos posibles, y un ambicioso Solti empeñado en grabar un monumento musical (es curioso como sus aportaciones en vivo no estuvieron a la altura del gran registro en estudio que hizo para Decca); y pusieron el panorama wagneriano en cotas difíciles de alcanzar. Desde el punto de vista vocal, Birgit Nilsson es objetivamente, y mira que no me gusta utilizar el termino objetivo en cuestiones musicales, la mejor de las tres. El registro es amplísimo, la técnica insuperable. No se resiste ni el escollo más difícil de la partitura, es más, aparecen definidos casi con facilidad. Birgit Nilsson posee un océano vocal, posiblemente la voz más grande de cuantas hayan existido en la historia de la fonografía. Es mi debilidad, por inadecuado que parezca un personaje, su forma de cantar, con un enorme sentido del gusto y de la elegancia, hace placentero escucharla. Incluso su denostada, por muchos, Aida, puede resultar poco convincente, pero nadie dirá que está mal cantada, porque no es cierto. Si analizamos la carrera de Nilsson, vemos que en sus papeles referenciales hay cosas en común: mujeres resueltas, con personalidad, duras. Incluso tiránicas en algunos momentos (Brunhilde, Turandot, Isolda, Elektra…). Con las tímidas señoritas le va algo peor, por supuesto. Lo suyo son las grandes heroínas, donde se impone. En Aida uno espera que empiece a arrear sopapos a Amneris, a Radamés y a Amonastro, y no acabamos de creer en su hesiante personalidad. En Tosca uno no deja de pensar que Scarpia no tiene nada que hacer a su lado. Su voz supera esos papeles. Arrebatadoramente simpática, tenía una capacidad de interacción con el público que le aseguraba el triunfo en  cada presentación escénica. 
Puede que en lo que son mis gustos más personales yo me decante por Kirsten Flagstad, pero Birgit Nilsson es, para mí, del puñado de olímpicas que dominaron la ópera en el S. XX (Flagstad, Schwarkopf, Callas, Tebaldi, Nilsson, Sutherland, Caballé). La prestación de Nilsson para Brunhilde lo tiene absolutamente todo: vocalmente impecable, la manera de analizar el personaje, también. Sería muy fácil decir que es una mezcla de Flagstad y Varnay, pero no van por ahí los tiros. Es una Brunhilde que duda, que no quiere ser manejada ni por Wotan, ni por Siegfried, que los mira de igual a igual, que prácticamente ordena, primero, a Sigmund que la acompañe, y luego lo asiste, también imperativamente, en su duelo con Hunding. Es la portadora de la virtud, y por eso no se achanta ante su padre, porque sabe que él ha traicionado ese mandato de honestidad. Se enfrenta a él sin pestañear, asumiendo su destino, casi lo trata con desdén. Perdió su admiración por él. Es una lectura muy rica, muy matizada, y muy bien cantada, lo cual convierte el acto de escucharla en algo intelectual y sensorial, es placentero. Cuando descubre la traición de Siegfried parece que lo esperara, le duele más como violación de los principios morales que deberían asistir a los héroes que como algo personal. Es una mujer por encima de las mujeres. Se reivindica a sí misma en toda la inmolación, llegando a momentos expresivos de una interiorización que elevan a quien lo escucha. Reflexiva y doliente, más adustamente trágica que dramática. 
Lo curioso es que uno la escucha en sus primeras interpretaciones, se entrega a la grabación de Decca, hasta a actuaciones postreras (Barcelona, finales de los 70), y la idea matriz siempre está ahí, y simplemente se desarrolla, crece, evoluciona. En los mismos niveles de calidad aún incluso cuando la voz comienza a flaquear. El propio control, o dificultad de control, de su océano vocal marca la diferencia en los matices. Es muy difícil para esta soprano recoger su torrente de sonido y cumplir con las pequeñas “p” que Wagner ha colocado en la partitura. Podría sonar a “pero”, y desde luego, si lo es, es el único. La Brunhilde de Nilsson evoluciona en madurez, en intensidad, crece como ser a medida que las experiencias humanas la enriquecen, sean estas positivas o negativas. Su inmolación a mí siempre me ha parecido un “ahí os quedáis, esta realidad no me merece”. Es la Brunhilde virtuosa. Ni inocente, ni divina. Virtuosa hasta el final, elevada a las más altas cotas del misticismo.

Tres interpretaciones tan brillantes como distintas, tan iguales como equilibradas; difícil decantarse por una, lo mejor quedarse con las tres. Desde luego, son el listón por el que medir a todas las demás. Y desde mi punto de vista refutan la idea de que en Wagner los personajes se empequeñecen por la música, por la grandiosidad de las historias, y permiten poca creatividad interpretativa. Bien al contrario, creo que la grandeza musical de Wagner es la que sirve de mejor vehículo a los grandes creadores de personajes.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Yoani Sánchez, la libertad posible para Cuba.


Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver y escuchar en un acto en la Casa de América de Madrid a la bloguera disidente cubana Yoani Sánchez, organizado por la Asociación de Iberoamericanos por la Libertad (http://www.asociacionail.com/). Al final de esta entrada está el vídeo del acto, y algunas de las fotos que aparecen son del mismo, y las he tomado de la página web de la citada AIL. Quería reanudar este blog, que prometo renovar más asiduamente, con mis impresiones acerca de ese encuentro. He querido esperar un poco de tiempo porque realmente la figura y las palabras de Yoani Sánchez han calado mucho en mí, en mi estado de ánimo sobre algunos temas. Salí hondamente impresionado del encuentro. No quería que ese exceso de sensaciones me hicieran glosar a “Santa Yoani”, y ni creo que fuera bueno, ni seguramente es la imagen que la propia interesada quisiera dar.

Yoani Sánchez es una mujer menuda, pequeña, con ciertos rasgos de delicadeza, esencialmente guapa sin mayores excesos. Pero no da impresión de persona desvalida ni que pida protección. Todo lo contrario. Su lenguaje no verbal es resuelto, genera fortaleza y transmite resolución. Esas características quedan resaltadas cuando comienza a hablar. Carece totalmente de la prepotencia de los que creen estar seguros bajo el cobijo de una ideología dominante, ya sea intelectualmente, ya sea de manera práctica (como Mariela Castro, por ejemplo). Habla en un tono suficientemente alto, pero en absoluto violento ni agresivo, no alza la voz. Sólo esgrime argumentos bien estructurados, con una riqueza léxica (no obstante es filóloga) y capacidad descriptiva apabullante, y no denota intolerancia ni radicalismo. Está dispuesta a escuchar e incluso empatizar con su oponente, sea del signo que sea. Pero, ojo, esa dulzura, esas formas, esa tranquilidad al hablar es contundente: está claro que en un encuentro dialéctico Yoani no parará hasta convencer a su adversario o hasta que la convenzan de que está equivocada. Mejor aún: hasta que se establezcan puentes de entendimiento. No tiene intención soltar su presa y dejarla ir hasta que se lleguen a conclusiones válidas para su manera de estructurar el pensamiento y la imagen que tiene del mundo. No me gustaría tenerla como oponente, porque me exigiría el 100% de mis sentidos puestos al servicio de la conversación. No creo que Yoani Sánchez discuta, más bien conversa, pero sin perder el tiempo en banalidades. No puedo dejar pasar el momento vanidoso en que me fotografié con ella y cruzamos un breve saludo.
Fueron muchos los mensajes, casi todos brillantemente expresados. Se resumen en uno: ser libre. Tener libertad. La libertad es el don más preciado, el que nos hace humanos. No me cuenten historias de educación, de sanidad, de mitos: denme libertad, y luego hablamos. Me impresionó una frase: “yo he decidido vivir en Cuba como si fuera una ciudadana libre y con derechos, lo contrario de lo que el régimen me permite”. Evidentemente, para llegar a ello ha tenido que alcanzar un estatus, en el que se ha dejado mucha piel en el camino. El régimen de los Castro le tiene respeto, miedo, que es lo que tienen los regímenes dictatoriales a los que obtienen la capacidad de emitir opiniones contrarias a la fijada oficialmente. Pero no ha sido un camino fácil. Ahora le tienen respeto porque ha conseguido, gracias a internet, una popularidad internacional que le permite cierta capacidad de movimiento (su gira internacional es un ejemplo al respecto). Los golpes, la represión, tiene que ser modulada. No lo fue al principio, cuando Yoani Sánchez comenzó su labor de narrar la realidad cubana, porque realmente no hace otra cosa. Años después, tras muchas detenciones, muchos golpes, muchas mentiras, insultos, humillaciones; el régimen tiene que buscar subterfugios para actuar contra ella. Es la inopinada cobardía de los dictadores, de los viejos y sanguinarios dictadores. Espero que una suerte de accidente de tráfico no venga a hacer lo que el régimen no se atreve. Por si acaso, yo no me subiría a un coche, y si lo conduce un español de visita en la isla, menos. 
Yoani Sánchez forma parte de lo que se ha llamado la “Generación Y cubana”. Un grupo de cubanos  jóvenes que usan internet para reflejar diferentes realidades acerca de su país y desde los más diversos puntos de vista. Son blogueros, y usan internet como medio de expresión. Puedes localizarlos en el propio blog de Yoani, en este enlace: http://lageneraciony.com/

¿Cómo emplear un medio de comunicación en Cuba que está vedado a la población? En uno de los momentos más divertidos del encuentro que estoy resumiendo, Yoani Sánchez lo explicó, primero hilarantemente “si las madres cubanas inventamos el picadillo de carne sin carne, ahora los cubanos hemos inventado internet sin internet”; luego de manera práctica: empleando las posibilidades técnicas de herramientas como wordpress, que permiten subir varios textos de una vez (desde un hotel, por ejemplo) y programar el momento en que serán publicados. O tuitear por sms, que tiene la posibilidad de emitir mensajes, pero no de interactuar: Te dejo la dirección twitter y la página de facebook de Yoani Sánchez:

Página en twitter: https://twitter.com/yoanisanchez
Usuario de twitter: @yoanisanchez
Página de facebook: https://www.facebook.com/pages/Yoani-S%C3%A1nchez/174301141569?fref=ts
 
En todo caso, los cubanos han inventado mil argucias para saltarse las rígidas normas que en contra de la libertad de expresión ha generado el régimen de aquel que proclamó que la historia lo absolvería…
Yoani Sánchez proclama que lucha contra las etiquetas. No es de izquierda, ni de derecha, ni de Castro, ni de Miami (“yo soy de la Cuba de Martí”). Tecnológica, equidistante, transversal. Desgraciadamente, su afán por desetiquetarse la etiqueta, de algún modo. Lo único cierto es que sólo tiene una meta: lograr la libertad en Cuba y la caída del régimen castrista, que tiene que caer porque con un régimen no puede haber democracia. A partir de ahí supongo que tiene sus ideas propias de cómo ha de organizarse el nuevo estado, pero no es lo importante, por ahora. Para ella, por lo que entendí, lo importante será la futura transición política, aunar los esfuerzos de todos los que busquen la libertad para el pueblo cubano, desde todas las ideologías: derecha, izquierda, centro… Unir en la búsqueda de la libertad, construir la democracia, y luego cada uno, desde su punto de vista, luchar legítimamente por el país que quieran, siempre bajo las reglas del juego del imperio de la ley. No creo tampoco que pretenda ser revanchista, hacer leyes de memoria histórica, ni nada de eso. No se denota de sus declaraciones odios ni rencores, ni creo que quisiera ver a los Castro en la cárcel (yo sí, conste, yo los querría ver juzgados por los propios cubanos y sentenciados por liberticidas y opresores). Es un mensaje de unidad y de reconciliación, que se basa en algo fundamental que todos los castristas han negado siempre a los opositores o disidentes: un profundo amor a su patria. Es la característica principal de Yoani y de todos los disidentes blogueros, y casi de todos los disidentes con los que yo he tratado (en el transcurso de esa velada conocí algunos). Aman profundamente a Cuba, y no quieren dejar de luchar por ella. Desde dentro o desde fuera. Por eso es más escandaloso el trato, la contracampaña, las mentiras y los insultos que desde el régimen, mediante personas e instituciones afectas, o periódicos manipuladores, se lanzan contra ella. Desde el conocido “es una agente de la CIA…” hasta cuestiones absolutamente surrealistas. Un periódico español de extrema izquierda que suele tener bastante eco entre los bobos lanzó a bombo y platillo un artículo: “Las cuarenta preguntas que Yoani Sánchez no quiere responder”… La mayor parte de ellas, yo fui testigo, fueron formuladas y respondidas en este encuentro. Quizás si ese periódico hubiera intentado entrevistar a Yoani Sánchez hubiera conseguido esas respuestas. Pero es más fácil defender, desde Madrid, que los cubanos vivan en la miseria moral, física e intelectual.
Fueron muchas las ideas que Yoani Sánchez lanzó en dos horas de encuentro. Prologada por las brillantes palabras de Mario Vargas Llosa y J.J. Armas Marcelo, Yoani Sánchez atendió a todas las preguntas que le formularon desde el público,  y que se contaron por decenas.  Me interesó mucho lo que  dijo del famoso bloqueo norteamericano, de cómo entre los disidentes hay quieres están a favor, quienes están en contra, pero que realmente no es algo que se discuta o de lo que se hable demasiado entre los ellos. Además, de cómo la realidad viene, cada día, a oponerse a la retórica del régimen: la mayor parte de los bienes de consumo y alimentos que hay en las tiendas cubanas provienen de los Estados Unidos (no es el primer cubano que me subraya la paradoja). Yo le hice una pregunta que tuvo la gentileza de responder. Le pregunté sobre el mito de Cuba, algo de lo que ella ya trató en su día en su blog. Cómo responder a los que te dicen a la cara que vale, que Cuba no tiene libertad pero que la educación y la sanidad son gratuitas y universales.  Me respondió algo que me gustó, y que utilizaré en el futuro. Antes, me dijo, se esforzaba en refutar la idea de la calidad de los servicios de educación y sanidad en Cuba. Como, por ejemplo, en un hospital cubano podría haber una magnífica máquina de tomografía, pero no hilo de coser heridas, que había que llevarlo de casa, o un simple termómetro. O que podías ser atendido por uno de los mejores neurocirujanos del país y posiblemente del continente americano, que tenía los zapatos rotos y los pantalones raídos porque apenas gana 30 dólares al mes…. Pero que ya no intentaba siquiera hacer eso. Ahora simplemente hacía una metáfora: ella no quería ser un pájaro alimentado con agua y alpiste pero en una jaula sin querer volar. Ella quiere ser un pájaro libre, volar donde quiera, y buscarse ella su agua y su alpiste si es necesario. Idea captada: Sin libertad no hay humanidad, no hay pensamiento, avance, progreso, vida. Sin libertad todo lo demás es accesorio y un triste consuelo. La libertad es el valor que genera humanidad. Un cubano, hoy, carece de derechos. No puede circular libremente por su país, no puede conectarse a internet, no puede expresarse libremente, no puede vivir en libertad. El régimen de los Castro se comporta como un padre despótico, que castiga inopinadamente a cualquier niño que se porte mal. El problema es que esos niños son ciudadanos a los que se ha regateado su capacidad de decisión y de acción. Con cárceles llenas de personas por pensar diferente, por actuar libremente, por luchar por las libertades. Y con el mundo lleno, aún, de personas que consideran que las dictaduras comunistas son mejores o aceptables (como hacen el bien da igual que para conseguirlo utilicen el mal). El mito de Cuba es la mayor cárcel para los cubanos, y sólo una transición pacífica e integradora podrá superar la dificultad de una opinión pública internacional intoxicada por un régimen que ha manejado los tiempos, y las informaciones, a su antojo. Caerán. Por una cuestión biológica: las clases medias cubanas, las clases profesionales, han nacido ya años después de la revolución. Los dirigentes superan todos los 75 años sin que haya posibilidad de relevo generacional. El tiempo es lo que les falta, y a los nuevos disidentes, el tiempo es lo que les sobra. Y Yoani Sánchez, quiera o no quiera, tendrá un papel fundamental en ese futuro de transición. Salí de la Casa de América de Madrid con la seguridad de haber visto a una mujer que tendrá mucho que decir en el futuro político de América Latina. Seguro que no me equivoco. Aquí te dejo el vídeo, colgado en youtube, con la intervención completa de la que fui testigo en la Casa de América de Madrid: