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viernes, 5 de enero de 2018

De exposiciones: Giorgio de Chirico en Madrid.


El Caixaforum de Madrid presenta la que es sin duda una de las grandes exposiciones de la temporada en la capital: El mundo de Giorgio de Chirico. Y lo hace muy bien. Un espacio de exposición bien organizado, con guiños arquitectónicos a la obra de Chirico, como son los arcos de las plazas romanas; y una enorme cantidad de obras. Este es el único “pero” que le pongo: me parece que se exceden en el número de piezas, y que un 10% menos no habría menoscabado el mensaje. Pero son cuestiones personales, cada vez me gustan menos las exposiciones monumentales e inalcanzables. Tampoco esta pretende serlo, pero cuando con dos o tres obras ya dejas clara una idea, no entiendo la necesidad de poner doce. 


La exposición se articula en torno a 6 espacios: Retratos y autorretratos, Interiores metafísicos, Plazas de Italia y maniquíes, Historia y Naturaleza, Baños misteriosos y Mundo Clásico y gladiadores. No se puede negar que es completa y que con esos simples 6 títulos resumen la obra de un pintor que falleció con 90 años y que estuvo pintando incansablemente durante al menos 70 de los mismos. 
Retratos y autorretratos es posiblemente uno de los capítulos que mejor describe las habilidades técnicas del pintor. Cambia totalmente su paleta, su manera de entender la pintura, su imaginario personal, y se lanza al género desde el respeto a sus cánones, a su tradición, pero añadiendo un componente personal, que es la obsesión por mostrar la intimidad del personaje a través, las más veces, de un sentido irónico que refleja el gesto, la mirada, o la postura. El Chirico que en sus interiores metafísicos o sus maniquíes resulta frío, descarnado, se vuelve en el retrato íntimo y expresivo, usando una paleta de colores y un conjunto de recursos que sin embargo no están en el resto de su obra. Para eso sirven estas retrospectivas, para entender a un artista en la amplitud de su obra. Porque personalmente conocía poco a Chirico, apenas lo que aprendí de él en la carrera, y desde luego las imágenes que tenía de él eran las propias de su pintura metafísica. 


Y eso es lo que aparece en la sección Interiores metafísicos, que Chirico explotó en dos periodos de su carrera: en los años 10 y 20 del S. XX y en el final de su vida, desde 1969 en adelante. Los interiores metafísicos funcionan todos de la misma forma: una habitación con un punto de fuga muy acusado, en cuyo centro se distribuyen una serie de objetos sin relación aparente, algunos de los cuales no deberían estar allí: utensilios de pintor, como escuadras y cartabones, junto a templos romanos, una playa, un barco… Es una idea propia de la pintura de Chirico que repitió hasta el final de sus días: introducir el exterior en interior, y el interior en el exterior. Una ventana al fondo nos lleva a un paisaje diferente, de ciudad, de campo, que se contrapone al caótico interior y que recuerda el recurso del cuadro dentro del cuadro, a veces intencionado. No podemos olvidar que otras vanguardias se estaban desarrollando por Europa en esos momentos, en un mundo que se agitaba entre dos grandes traumas, que fueron las Guerras Mundiales. Frente a la rapidez y la máquina de los Futuristas aparecen las escenas subyugantes, misteriosas y “detenidas” de Chirico. Frente a las “naturalezas muertas” de la tradición italiana, española, e incluso de Cezanne, las “vidas silenciosas”, contraposición casi ideológica que se desarrolla plenamente en estos interiores. 



Así continua en Plazas de Italia y maniquíes, donde aparecen dos de sus símbolos más reconocibles. Esas perspectivas centralizadas donde arcos de medio punto limpios y esquemáticos nos llevan hacia un punto de fuga donde podemos encontrar una fuente, una torre, que recuerda siempre a la de Pisa, una escultura sin ojos… Todo nimbado por un maravilloso cielo que se degrada en verde hasta convertirse en amarillo en la línea de horizonte… Y en medio de esa nada, con un recurso que recuerda a Dalí, seres humanos diminutos que pasean y proyectan una larga sombra o un tren que cruza la línea de horizonte antes citada y del que mana una nube de vapor. Es la ciudad renacentista de Perugino y Rafael revisitada, deshumanizada, perturbadora, y a decir de Chirico, nietzschiana. Esa misma idea es la de los maniquíes, seres sin rostro, con muñones que recuerdan apliques metálicos como brazos, y que se prestan en los cuadros a ser trovadores, héroes mitológicos, seres vacíos de expresión y en la nada. Apuesta misma por la frontera entre la realidad y la irrealidad, entre la vida y la muerte, personajes sin sentimientos, deshumanizados, de espaldas, y finalmente, grotescos. Pienso, luego existo, dijo el filosofo. La existencia es anterior al pensamiento, respondió otro. Nietzsche desmenuza al ser humano, al yo. Chirico trata de darle una respuesta pictórica. Cuando contraponemos los maniquíes a los retratos, parecen dos pintores, dos discursos, diferentes. 


En los Baños misteriosos surge un hombre desnudo sumergido/incrustado en un parquet. En paisajes abiertos, donde incluso aparece agua “real”, azul y sin forma, los hombres desnudos se sumergen en el parquet siempre contenido en recipientes pequeños y cerrados, más cisternas que piscinas. A su alrededor, objetos típicos de playa: casetas, flotadores, juguetes, entre los cuales se sientan hombres pulcramente vestidos con traje. Una diálogo entre pasado y presente, entre mito y realidad. 


En plena Segunda Guerra Mundial, Chirico redescubre el Clasicismo bajo los prismas renacentista y barroco, con especial mención a Rubens. Colores hasta ahora vedados al autor, una luminosidad diferente, acogen reflexiones pictóricas basadas en mitos, donde una evolución de sus maniquíes se convierte en personaje reconocible, como por ejemplo Edipo, y se mueve en un espacio con referentes arquitectónicos clásicos y paisajes rocosos. A veces, reflejos arquitectónicos de civilizaciones perdidas aparecen en el regazo de los personajes, idea que derivará en los “arqueólogos”, personajes representados con una gran sensación de autoridad que portan en su interior esos pueblos perdidos y que han de rescatar para nosotros. 

Por último, el apartado de la exposición que personalmente más me interesó fue el del Mundo clásico y gladiadores. Según Chirico, los gladiadores eran un enigma. Verlos luchar denodadamente en escenas congeladas dentro de apartamentos burguesas se convierte en una imagen perturbadora. El Mundo clásico redescubierto a partir de escenas con caballos que trotan en playas plagadas de ruinas grecolatinas, evocaciones de Alejandro, de una tradición mediterránea que Chirico quiere recuperar para sus obsesiones. Esos paisajes, esos movimientos, esos hombres y esos caballos, significaron para mí, junto a los retratos, lo más interesante de la muestra.
Junto a los cuadros, diversas esculturas, muchas de las cuales son transposiciones en tres dimensiones de personajes pictóricos. Muy interesantes sobre todo las de bronce plateado, que aumenta la sensación de deshumanización e inexpresividad, y los arqueólogos monumentales, que recuerdan de lejos la escultura etrusca. 

El problema es que salí decepcionado. Recordaba a Chirico de otra forma, en las lecciones que me dieron mis viejos profesores de la universidad. Pensaba en un pintor que no me encontré. Formas repetidas hasta la saciedad, fruto de obsesiones artísticas e intelectuales pero también de la comercialización del arte que muchas veces provoca que si una idea funciona y se vende, se multiplica más allá de lo debido. Entendido el discurso intelectual más o menos rápidamente, la repetición de los mismos motivos agota al espectador más que lo agita. Al final de la exposición tuve la sensación de haber estado conociendo a un pintor repetitivo, constante, lleno de invariantes, que pintó lo mismo, la misma idea, durante 70 años. Tampoco me convenció desde el punto de vista técnico, pues salvo sus retratos su pintura me pareció limitada en recursos. Obviamente es lo que pretendía, porque alguien capaz de desarrollar su expresividad del modo que lo hace en los retratos no tiene por qué resultar tan naif en el resto de sus obras si no es por un acto consciente. En líneas generales, me pareció un discurso intenso y misterioso, pero basado en conceptos que se reiteran sin grandes evoluciones formales, ni intelectuales. Sin duda un gran pintor, pero no el que yo esperaba ni el que más me llena. El resumen final, el viejo y agotado caballo - collage que nos despide en la exposición, obra de 1975. La exposición termina el 18 de febrero y no debes perdértela. 

Caixaforum.
Paseo del Prado 36
28014, Madrid












miércoles, 4 de julio de 2012

Recorriendo exposiciones en Madrid: William Blake

 
Hoy ha abierto en el Caixaforum de Madrid una interesantísima exposición dedicada al pintor inglés William Blake. Allí estábamos para disfrutarla. Primero tengo que decir que está muy bien organizada, no es una magna exposición ni la exposición del siglo sobre Blake, tiene las obras justas, muy bien expuestas, y el recorrido se hace agradable y nada abrumador. Asimismo, las tres salas finales, dedicadas al legado de Blake, representado por los grupos de "Los Antiguos" y "Prerrafaelitas", además del Neorromanticismo inglés del S. XX, están francamente bien, y de alguna manera reivindica la posición de Blake en la historia del Arte, tantas veces en desequilibrio frente a otros movimientos. Yo debo decir, por ejemplo, que no lo estudié durante la carrera, posiblemente por ser demasiado extravagante para la profesora que me impartió esta parte de la pintura. Apareció anecdóticamente, pero no le dieron demasiada importancia. Tampoco es que sea el sum sum corda del arte inglés, pero tiene un justo lugar que no podemos olvidar.
 
Curiosamente, Blake será siempre citado como un pintor simbolista inglés cuando apareció casi cien años antes que el simbolismo (y sin casi). Ello es debido a una de tantas personalidades que de pronto no pueden ser encorsetadas cronológicamente y son definidas según un patrón de lenguaje, aunque al final surge las paradoja porque esos patrones de lenguaje a su vez están clasificados cronológicamente. Le pasa a Leonardo, le pasa a Goya, y también a William Blake, como a otros. Las ciencias humanas tienen que y tienden a clasificar, pero a veces eso es imposible. 
De Blake me interesa no sólo su arte (que debo decir no me apasiona) sino sobre todo su discurso ideológico. Un pintor que representa el racionalismo propio de su tiempo, triunfante tras la Revolución Francesa, como el error que llega a encarnar incluso en la forma del demonio. Para no introducirme en discursos demasiado intelectuales, no sólo para no hacer esto aburrido sino para no meterme en jardines de los que luego no sepa salir, hay un principio del propio Blake, que voy a parafrasear, seguro que mal: sólo logrando salir de la tendencia social que se impone a la percepción, descubriremos que ésta es infinita. Eso es el mayor logro de Blake, inconformista, onírico, consecuente y paradójico, como lo es su pintura religiosa, cuándo él tiene unas ideas tan sui generis sobre el cristianismo, como aquella en la que asegura que el dios del Antiguo Testamento es un falso dios, una especie de ánel supremo que se cree dios pero no lo es; y que por tanto hace en la creación de Adán el verdadero momento de la desgracia para la humanidad, y no con la expulsión del paraíso. Librecreacionista pero no exhuberante. Al final, por extravagentes que parecen sus imágenes, responden a un criterio de precisión artística muy clara, y que bebe sus fuentes de Renacimiento, muy especialmente en Miguel Ángel, momento en el que Blake encuentra el verdadero comienzo del arte. 
 
Al discurso artístico, perfectamente clasificado en la exposición, tenemos que añadirle el técnico, y aquí es donde Blake plantea serios problemas de conservación. Es tan personal en el uso de los materiales, mezcando temple con acuarela, y a su vez con óleos fluídos, haciendo de cada copia de sus grabados algo tan distinto y difícil de repetir, que el paso del tiempo ha atacado casi todas sus obras, por la fragilidad de sus elementos constitutivos. Así lo advierten los organizadores de la muestra: hay obras de las que poco o nada queda de los colores originales, pues la luz y el tiempo los ha desvenecido. Grietas por una mala elección de soportes, y un caos material que al final hace sus obras casi imposibles de restaurar. Desgraciadamente, será muy difícil que Blake recupere su esplendor pasado. Lo más importante es conservarlo, más allá de reintegrarlo. Los fondos de la muestra provienen de la Tate Gallery de Londres, así como los de "Los Antiguos", "Prerrafaelitas" y "Neorrománticos" que lo acompañan. Una de las galerías más interesantes del mundo, a veces ensombrecida para los turistas por los otros grandes museos londinenses, y últimamente por la Tate Modern. Pero exhibiciones como esta, que estará en Madrid hasta el 21 de octubre, demuestran el ingente patrimonio de esta importantísima institución. No dejes de verla, en el Caixaforum de Madrid, merece mucho la pena. Yo, que no era ni un gran seguidor ni un gran conocedor de la obra de Blake, he cambiado totalmente de opinión en la hora y media que he estado contemplando su legado.

martes, 3 de julio de 2012

Recorriendo exposiciones en Madrid: Piranesi


 
Hoy he visto la magnífica exposición que el Caixaforum de Madrid ha dedicado a Piranesi, con el título “Las Artes de Piranesi, arquitecto, grabador, anticuario, vedutista y diseñador”. Bueno, lo de vedutista, para empezar, me ha encantado, es uno de esos palabros para epatar que tanto gustan. La exposición me ha gustado, es bastante buena, y hace un recorrido extenso pero no agotador, o al menos a mí así me pareció, que cualquiera puede entender con facilidad. Desde luego, nos descubre una personalidad minuciosa y apasionada, y también una erudición desde tempranas edades que sorprende. Por encima de todo, de sus personalidades creativas e incluso de sus decepciones (no poderse dedicar a la arquitectura) Piranesi se enamora y se encandila con Roma y su cultura, entrando en polémica con todos los intelectuales de la época, con los pasados, los presentes y los futuros, con la única finalidad de demostrar la originalidad y grandeza creativa de la arquitectura romana, tan denostada por muchos, que la creen una simple copia de los griego, o una evolución de lo etrusco, que al fin y al cabo fue un pueblo conquistado por Grecia. Con ardor y entusiasmo, dedica su vida, para mí con éxito, a demostrar esa grandeza, esa originalidad, esos campos en los que los romanos no tuvieron rival, como la ingeniería y las grandes obras públicas de las que los griegos son sólo una pálida sombra. 
Puede resultar abrumador tanta ruina, tanta grandeza, tantas dimensiones casi ciclópeas en la obra de Piranesi, de hecho hubo un instante en el que yo mismo me sentí algo empalagado. No ayudan, además, los grabados colocados hasta el mismo techo de la sala, al estilo decimonónico, que el Caixaforum debió, por lógica, evitar. Y si fue un guiño de los diseñadores, fue un guiño fallido por la embriaguez que puede comunicar al espectador. Por otro lado, las piezas están muy bien escogidas, los ejemplos justos que generosamente expresan el sentido de cada una de las salas. Normal que el Piranesi arquitecto se detenga en la Iglesia de Santa María del Priorato, su única obra construída, que desgraciadamente varias guerras, desde las napoleónicas a la II Guerra Mundial se encargaron de herir hasta perder una parte de la concepción espacial del maestro. Una vez se dio cuenta de que no iba a poder desarrollar carrera como arquitecto, entre otras cosas porque sus gustos se separaban demasiado de los lenguajes imperantes, Piranesi tiene una exitosa carrera como anticuario, como arqueólogo (son muchas las ruinas romanas que excavó con éxito) y en general como difusor (hoy algún cursi diría publicista) del arte romano. También es generosa aquí la exposición. Una curiosidad: los diseñadores dan con una perspectiva dramática muy curiosa jugando con los tabiques, y algún conserje lo fastidia poniendo allí un extintor para que nadie pueda pasar…
 
El problema, lo que no me ha gustado o me ha sobrado de la exposición son una serie de principios expositivos que no me han convencido y, sobre todo, la excusa que el Piranesi creador o diseñador de muebles, chimeneas y todo tipo de objetos da a los organizadores para intentar marcarse un tanto dejando casi en segundo plano el propio discurso piranesiano para publicitar (ahora sí cabe) la labor de Factum Arte, Voxelspacio y Materialise. Me explico, y por partes. En cuanto a lo primero, cuando uno lee la concepción de la exposición, los comisarios y diseñadores (no suelo citarlos, no lo voy a hacer ahora, vete y los conocerás jejejeje) explican que intentan demostrar la modernidad de Piranesi tratándolo como si un autor contemporáneo fuera, y dicen demostrar gracias a las nuevas tecnologías cómo Piranesi dibujaba y concebía en 3D. Me parece todo una perogrullada que si se quiere, se puede hacer con Piranesi, con Rafael y con el Arte Paleolítico. Vamos, hasta con el arte medieval entero. Yo he visto un trabajo en 3D acerca del Guernica y podría servir para demostrar que Picasso realizaba sus obras concibiéndolas en 3D (por cierto, lo de 3D es otra cursilada, no sé qué tienen en contra de decir “tres dimensiones”). Me parece absurdo toda la idea de “tratar a Piranesi como su fuera un autor contemporáneo y demostrar así su modernidad”. No creo ni que haga falta, ni que realmente ese sistema signifique algo, cuando luego lo que nos encontramos, además, es una exposición bastante conservadora y muy poco arriesgada.
En cuanto a lo segundo, declaran los organizadores que han querido demostrar además de todo eso que los diseños de Piranesi son realizables, al contrario de lo que se pensaba (¿y por qué se pensaba? me pregunto yo, son extravagantes, pero no irrealizables, y no es la tecnología lo que los hace realizables, un buen escultor o un buen ebanista también podría hacerlos). Hay es donde entran Factum Arte, Voxelspacio y Materialise, que se han dedicado a rehacer algunos de los diseños de Piranesi, e incluso son los autores de los dos vídeos de la exposición, tanto el que intenta demostrar las 3D en la concepción de Piranesi como el dedicado en el espacio “documentación” enteramente a explicar el proceso de trabajo por el cual han reproducido fielmente las obras piranesianas. El problema es que se presenta como guinda de la expo, como lo más importante, se le dedica un espacio con enorme profusión, y justo es el único espacio en el que Piranesi pasa a un segundo plano. No me parece bien que el protagonista pierda peso a favor de otros creadores sea cual sea la excusa. Además, hablemos del producto final, las reproducciones: Los organizadores hablan de la libertad, la fuerza imaginativa y el valor creador de Piranesi cuando realizaba sus diseños, pero esa misma fuerza no se transmite a las obras obtenidas. Porque hay disensiones notables entre los diseños originales y la obra obtenida, que resulta seriada (esos rostros femeninos los hemos visto antes en otros sitios, pero por mucho que miramos los diseños de Piranesi, allí no están) y que no cumple con la libertad de un artista al que encorseta. Barbas monstruosas que deberían llegar hasta el mismo borde de las cornisas son drásticamente recortadas, y la reproducciones, finalmente, parecen estereotipadas, justo lo que Piranesi criticaba a sus contemporáneos. El resultado de esas reproducciones es curioso e incluso ilustrativo, pero no merece el sitio preeminente que se le da en esta exposición. Aquí la única pieza que realmente me gustó.
Estará en el Caixaforum de Madrid hasta el 9 de septiembre, no dejes de verla.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Palladio, 1508 - 1580, el Arquitecto, en el Caixaforum.

Esperaba con ansiedad esta exposición desde que se anunció hace unos meses, y debo decir que no me ha defraudado aunque tenga una serie de peros que ponerle. Se trata de una muestra realizada en colaboración con la Royal Academy of Arts, de Londres y el Centro Internazionale di Studi di Archittetura Andrea Palladio, de Vicenza, así como la participación del Royal Institute of British Architects, también de la capital del Reino Unido. No es extraña la presencia inglesa en esta magna exposición, pues a ellos les debemos en gran medida el redescubrimiento de Palladio a partir del Siglo XIX.Palladio es uno de los grandes arquitectos de la historia, y posiblemente de los más influyentes en el devenir de la arquitectura moderna y contemporánea. No sólo realiza algunos de los edificios más importantes de nuestra civilización, sino que su forma de trabajar, de pensar, de idear la arquitectura y el espacio es uno de los más prolijos e intelectualizados que existen. Durante un tiempo fue eclipsado por otros de los grandes nombres del manierismo y el barroco, pero a partir del Siglo XVIII los estudios y la admiración por su obra lo han colocado en su justo lugar. No es este el sitio para hacer una biografía de Palladio, ahí están wikipedia y tantas y tantas páginas, pero no podemos olvidar algunas de sus grandes obras, con las que intento ilustrar esta entrada: La Villa Rotonda, para mí uno de los ejemplos más significativos del ideal arquitectónico, la Villa Barbaro, el Teatro Olímpico, el Palazzo Chiericati, o la Iglesia del Redentor (en Venecia). Vicenza, el norte de Italia, tiene firma palladiana, y su labor como proyectista se verá después reflejada en ilustres autores como Juan de Villanueva, Sir John Soane, y muchos otros.
La exposición es excepcional en el material, decenas de planos debidos a la mano de Palladio, textos, libros y maquetas. A lo largo de este material, extenuante, el espectador puede hacerse una idea clara de quién fue y qué hizo este grandísimo arquitecto, y sobre todo entender su lugar y proyección en la historia de la arquitectura. Humanismo, creación, vertebración del hombre en el espacio, la forja de un lenguaje nuevo que reverencia el pasado sin renunciar a la rabiosa modernidad... Eso es, para mí, muy a grandes rasgos, Palladio, y eso queda muy claro en la exposición.¿Cual es el problema? El enorme caudal de información. En una hora, mi acompañante y yo habíamos recorrida apenas tres de las salas, pues interesados en leer y comprender hasta el último detalle, era imposible hacerlo más aprisa, y finalmente estábamos agotados, e hizo falta una segunda visita para poder contemplar la muestra en su totalidad. La presencia de las maquetas, y el hilo conductor, cronológico, tipológico, técnico, histórico, ayudan a la visita, pero hace falta una más nutrida y, sobre todo, ágil presencia de imágenes fotográficas. No es que no estén, pues se proyectas contínuamente sobre enormes paneles, pero les falta inmediatez, y frenan el avance del espectador, o lo cansan, pues no es normal estar viendo la Villa Rotonda en plano y maqueta y tener que esperar diez minutos para que parezca proyectada en la pantalla. Exceso de información (prácticamente ya sabes de dónde viene y a dónde va Palladio en la primera sala) y carencia de referentes visuales actuales hacen de la exposición una experiencia agotadora. Quizás algo menos extenso, exahustivo y prolijo ayudara más a disfrutar plenamente de tan excelente autor.Aún así, es una de las exposición de la temporada en Madrid, y si tienes oportunidad, no debes perdértela. Hasta el 17 de enero.

domingo, 4 de octubre de 2009

Richard Rodgers: De la casa a la ciudad.

De nuevo el Caixaforum de Madrid nos trae una buena exposición de arquitectura, que ha pasado antes por otras capitales europeas´. Se trata de labor del arquitecto británico Richard Rodgers, desde sus comienzos con Renzo Piano en los primeros años 70, que dio lugar al sobresaliente Museo Georges Pompidou, hasta sus obras más actuales, desde su despacho de arquitectura Rogers Stirk Harbour + Partners. No hay nada peor que un arquitecto divinizado. Se me ocurren algunos ejemplos de grandes creadores, o algo menos, que toman más consciencia de su importancia de la que en realidad tienen y alcanzan una postura de arrogancia y petulancia casi insoportable, como si estuvieran convencidos de que la virgen les tocó el culo al nacer. Les ha pasado a algunos, como Calatrava, a quien escuchar hablar suele ser bastante desagradable por su prepotencia vacua, y he tenido lla suerte de comporbarlo en persona charlando con otros a quien prefiero dejarme en el tintero. Por suerte la nueva generación de arquitectos españoles que voy conociendo, se han bajado del todo de esa burra, salvo excepciones chinchillescas.
Este párrafo viene a colación a que Richard Rogers supone una auténtica excepción en todo este universo de grandes arquitectos divinizados, y eso se nota cada vez que lo oyes hablar. Su sentido humanista de la creación, al más genuino estilo renacentista (creo que si Bramante fuera contemporáneo sería Richard Rogers), se une a una gran sencillez, y con todo ello ha elaborado uno de los discursos arquitectónicos más interesantes de la actualidad. Empleando nuevos materiales, siempre a la vanguardia de la técnica, construye, siempre en equipo, estructuras ligeras, comprometidas con su tiempo, con su usuario, con el medio ambiente y el entorno, obsesionadas con la luz y el diálogo con el espacio; y finalmente sencillaz, funcionales, utilizables, vivibles.
Me gustan casi todos los proyectos de Rogers, incluso los no realizados, salvo la T4 de Madrid, que es un edificio que me agobia y en el que creo que traicionó algunos de sus principios. Pero quizás es el arquitecto más importante de la actualidad, y contar con él en un proyecto es indispensable. La exposición se divide en tipologías temáticas muy poco al uso: Sistemas, Públicos, Urbanos, Ecológicos, Ligeros, Transparentes y Legibles, estableciendo el abecedário básico para entender uno de los procesos creativos más interesantes de la actualidad. Los dos vídeos que recorren la obra del autor, enlazados por una entrevista al mismo, aclaran muchas dudas que puedan planteársenos, y es un verdadero placer enfrentarse a este hombre que habla desde la seguridad de la humildad. Me apetecía copiar todo el manifiesto constructivo de Rogers, lo que sería una excepción en este blog que rara vez toma textos de otros, pero lo voy a resumir en el primer apartado: Nuestra Filosofía: El ejercicio de la arquitectura es indisoluble de los valores socioeconómicos de los individuos que la realizan y de la sociedad que la sustenta. Como individuos, tenemos la responsabilidad de contribuir al bienestar de la humanidad, de la sociedad a la que pertenecemos y del equipo con el que trabajamos. Estas palabras, y otras, deberían grabarse con fuego en la frente de los aspirantes a arquitectos, y si no existe un juramento hipocrático para los arquitectos debería ser este. El hecho de recalcar tanto la necesidad de sostenibilidad, y el sistema económico del estudio, son loables: Cada año una parte de los beneficios se reparte entre entidades benéficas, y cada uno de los directores y empleados elige a cuál quiere enviar su parte. Además, el reparto de salarios es proporcional y justo, y se establece de acuerdo con el más bajo, del cual surge el resto de la cadena, sin que existan diferencias onerosas. Todo un ejemplo. Si puedes, vete a ver esta exposición en la que verás gran cantidad de maquetas, móviles, planos, dibujos, expuestos de una manera tan ordenada como sugerente. Podremos ver edificios tan importantes como el mencionado Centro Pompidou, el Lloyds de Londres, el aeropuerto de Heathtrow, el Millenium Dome, y un largo etcétera de referentes clásicos del mundo contemporáneo.

Camboya en el Caixaforum... ¿Tierra de esperanza?

Camboya es uno de esos países en los que se ha producido quizás la mayor tragedia del siglo XX. Superior incluso al horror del Holocausto, por una razón estadística. Durante el corto periodo de su historia en el que vivió bajo la férrea disciplina de una dictadura comunista, al frente del cual estaba Pol Pot, más de una tercio de su población fue aniquilada. ¿Imaginas? Es como si en menos de diez años desaparecieran 13 de los 40 millones de españoles. El país, además, fue sembrado de minas que han causado la friolera de un 90 por mil de la población discapacitada por desmembración, lo que es el índice de minusvalía más alto, espantósamente más alto, de la historia. Estas minas, además, siguen en el subsuelo camboyano causando estragos, y eliminarlas cuesta millones de dólares y una gran inversión en tiempo.Además, la mayor parte de la población está en la edad joven, y se calcula que más de un tercio accederá al mundo laboral en la próxima década. Es lo que sucede con países en los que la selección de sus habitantes se ha realizado de manera artificial, horrible eufemismo que habla del aniquilamiento. Ancianos, mujeres, niños de hasta 6 años, todos fueron parte de los terribles campos de exterminio de los Jemeres Rojos, la secta comunista más sangrienta de la historia (las versiones asiáticas del comunismo han sido extremadamente eficientes).Lo más difícil, sin duda, es la reconciliación nacional, debido a los fuertes rencores que se han ocasionado entre los habitantes del pequeño país, y la recuperación económica con un índice de paro galopante y tantos jóvenes esperando para entrar en un mercado laboral que no será capaz de recibirlos.Con estos mimbres aparece esta preciosa exposición en el Caixaforum de Madrid, que cerrará el próximo 31 de octubre, con lo cual aún estás a tiempo de ir a verla. Se trata de una bella colección de fotos de Gervasio Sánchez y un espléndido vídeo de Oriol Gispert, que, lo digo sin estar seguro, creo que también se hace cargo de toda la información escrita que aparece en la exposición. Es muy interesante, las imágenes son hermosísimas, hacen mucho énfasis en la labor de los voluntarios y misioneros, con Kike Figaredo a la cabeza, pero pierde un poco de objetividad al intentar hablar sólo de los horrores del pasado con respecto a la esperanza del futuro, pero sin fijarse en que esa esperanza, que existe, está plagada de peligros, como los que yo expuse antes. Por ejemplo, dan un gran valor a la juventud de la población, pero esa juventud es un arma de doble filo, porque como advierten otros, no va a haber posibilidad alguna de dar trabajo a todas esas personas. Además, pasa de puntillas por el enorme poder de las grandes familias y las escasas posibilidades de los más desfavorecidos. En general, el vídeo, pieza clave de la exposición, es más realista y claro que el resto, y pone más los puntos sobre las íes.Sin embargo, yo iría a verla, no se tarda más de media hora en contemplarlo todo, y es necesario que veamos lo que ha pasado en ese pequeño rincón del mundo, y nos enfrentemos con horror a la maldad de un régimen absolutamente maligno, y de las atrocidades que esos regímenes de iluminados pueden llegar a hacer. El mismo comunismo que asoló parte de Asia, que asoló Vietnam, la antigua Unión Soviética, o que asola la tan simpática, para algunos, Cuba castrista, o la China post Mao. Estados Unidos, Nixon a la cabeza, tuvo mucho que ver en esto, pero no sólo eso, no voy a caer en el peripatético antiamericanismo. Lo cierto es que, ahora, estoy convencido de que el comunismo es la mayor lacra del siglo XX, incluso algo mayor que la segunda, el fascismo, su primo hermano.

jueves, 27 de agosto de 2009

Los mundos del Islam... Una fascinante exposición en el Caixaforum de Madrid

Sigue el Caixaforum de Madrid regalándonos magníficas exposiciones. En este caso, una que cierra en apenas dos semanas, el 6 de septiembre, titulada como esta entrada, Los mundos del islam. De trata de 180 obras que pronto estarán englobadas en el Aga Khan Museum de Toronto, y por supuesto forman parte de la colección privada del primero, gran mecenas de las artes y de la arquitectura. La muestra, a la que sólo puede criticársele cierta confusión para el espectador en cuanto a lo organizativo, ya que ha sido empleado un sistema que auna espacios geográficos y cronología, es de una gran belleza, dentro de un arte que siempre intentó llegar a lo sublime desde la sencillez de materiales, hilando hermosísimas formas geométricas rara vez acompañadas de alguna figuración; no obstante ésta está expresamente prohibida por el Corán. No soy yo, en absoluto, experto ni en Islam ni en su arte, pero la exposición me ha servido para corroborar la grandeza de una cultura que, de la mano de los extremismos, está ahora tan devaluada tanto en su concepción social, como ética, como intelectual.
Dejemos eso aparte, pues habría mucho que decir, y no soy yo un amante de la multiculturalidad ni de lo políticamente correcto, y no vamos a manchar estas impresiones con la subjetividad de un plantemiento ideológico que, no lo niego, en mi caso es muy Eurocentrista.
Resumir mil años de historia es difícil, y resumir tantos espacios geográficos, aún más. Pero lo exposición lo consigue. Desde un espectacular capitel del periodo Omeya de Al Andalus, que resumen en sí mismo lo que significa el concepto de compuesto, hasta dulcísimas y delicadas miniaturas y manuscritos como el del Hadit, proveniente de Irán, pasando por esmeradas filigranas, de una orfebrería imposible que sin bien yo no querría para mi casa es de una grandilocuencia y de una belleza en su complicación sugerente.
La muestra comienza en Al Andalus y el Magreb, para continuar por el Egipto Fatimí y la Anatolia Otomana. De ahí, sigue hacia Irán, con las dinastías safaví, zandí y qayarí, es decir, desde vidrios soplados de delicada factura hasta barbudos retratos de monarcas qayaríes. Todo termina en la India del Imperio Mogul, con una presencia de figuración y realismo que, nos explican las cartelas, proviene de la influencia europea. Una sala dedicada a las peregrinaciones, otra al Corán, culminán un recorrido que no deja indiferente: es un arte encargado de embellecer, de cultivar, de sublimar, y de conquistar. Hay muchos tipos de expresiones: desde hierro forjado a papel, pasando por cerámica, porcelana, de entre las que destacan las de influencia y factura china, así como telas, vigas, mensulas, puertas, arcos... No falta de nada, y permiten al espectador recuperar la elocuencia de un mundo tan cercano como lejano, y que convive con nosotros y acaso incluso nos atemoriza. Me gustó especialmente, y a mi acompañante también, un vaso y un plato blancos con una levísima decoración en negro, que me dicen que es Bauhaus y soy capaz de creérmelo. Inútil de mí, no anoté los datos identificativos, con lo cual no puedo ponerle nombre ni fecha, ni espacio.
Esta exposición paseará por España y por Europa en los próximos meses. No dejéis de verla, no habrá nada que no os guste. Se complementa, además, con un espléndido video dedicado a la arquitecura islámica.

martes, 3 de marzo de 2009

Zonas de riesgo en el Caixaforum de Madrid

Con este título presenta el Caixaforum de Madrid una exhibición con un puñado de obras pertenecientes a la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación La Caixa, y que estará en Madrid entre el 11 de febrero y el 3 de mayo. La muestra se explica como un intento de mostrar el arte de frontera, aquel que se mueve entre la globalización y los conflictos que ésta produce. Pero no se refiere a conflictos bélicos, como el título parece proponer, sino que se trata de las zonas de riesgo de la existencia, de la deshumanización, de una sociedad en peligro por focos multicasuales que polarizan y atomizan la realidad con un único denominador común: el tránsito desde la contemporáneidad a lo que sea que nos toca vivir. Fundamentalismos, sinergías Norte - Sur, liberalización u opresión de la mujer, subcultura de masas, inmigración (entendida como flujos de seres humanos sin destino), cambio, permanencia, soledad, interacciones e incongruencias.
Los artistas que componen la propuesta son heterogéneos, y así es también la diferencia de lenguajes y vehículos utilizados para la expresión; aunque el videoarte (hoy infoarte, dvdarte, o como quieras llamarlo) es una parte fundamental en casi todos ellos (no es tan importante el arte objeto, sino la expresión del mismo ante el espectador en forma de relato filmado). Alguna de las obras expuestas, como todo lo que rodea estas exposiciones a caballo entre el arte conceptual y el arte objeto (homenaje tantos años después a Simón Marchán), son un poco espúreas, o como a mí me gusta decir, un poco "pues vale", porque esa es la cara que se te queda después de verlas. Pero en general no es mala exposición y el espectador no saldrá indiferente, ni defraudado, ni con cara de tonto. Casi todas las obras tienen un cómo y un por qué, y se llega a conclusiones concretas. Otra cosa es que el producto de esas conclusiones nos interese. A mí sí, en líneas generales.
De toda la exposición, que no voy a resumir porque no tengo tanta memoria, destaco sobre todo tres obras que me gustaron mucho. La primera es la video obra de la finlandesa Elija-Liisa Ahtila, titulada "Servicio de consolación", a caballo entre el documental y el cortometraje dramático, gira alrededor de la ruptura en una pareja y el reflexivo - racional - emocional proceso que se establece, con la ayuda de una consultora - asesora, que dirige los pasos de la pareja para facilitar el tránsito hacia la soledad. Se mueve entre la perplejidad y la tristeza, muy escandinava en su frío retrato de la inanidad del ser contemporáneo, con un final anunciado entre justicia poética y realismo mágico. Se proyecta en dos pantallas con puntos de vista diferentes. Aquí tenéis un fotograma casi del final.
La segunda obra que me gustó es del albanés Adrián Paci, y tiene un título que es en sí mismo una realidad pero también una incongruencia: Centro di permanenza temporanea. Permanencia y temporalidad, por separado, parecen conceptos opuestos, en el mundo de la emigración son una realidad que convive. Es un video montaje de unos cinco minutos en los que un tropel de hombres y mujeres de piel tostada y multiétnicos (ningún blanco europeo o anglosajón) van subiendo la escalerilla de un avión, en medio de un aeropuerto. Tras una incesante marcha, descubrimos que al final de la escalerilla no hay aeronave, con lo cual un conjunto de inmigrantes se queda encerrado en esa escalerilla, al aire libre, lejos del suelo, sin poder moverse, mientras a su alrededor más y más aviones despegan y aterrizan. La contraposición de ideas del título se convierte en contraposición de imágenes en la frontera entre dos mundos, en la incongruencia que ocupa hoy casi esquizofrénicamente, las relaciones entre el mundo desarrollado y el subdesarrollo, entre esos hombres y mujeres encerrados en una escalerilla mientras tú y yo, nosotros, nos movemos libremente en aviones seguros y confortables.


La tercera de las obras que me gustó es A morir del mexicano Miguel Ángel Ríos. El autor reunió a una veintena de los mejores lanzadores de peonza de México (una tradición muy arraigada en ese país) y dontándolos de peonzas negras y marcando un tablero blanco en el suelo, los invita a jugar. Sin entender muy bien las reglas del juego, lo único que tenemos es la filmación de las peonzas girando, entrando una y otra vez en el tablero, proyectadas sobre tres paredes con tres ángulos de cámara distintos. Se termina convirtiendo en muchas cosas: la propia sensualidad del movimiento y del sonido de las peonzas, y una clara metáfora sobre la salvaje y futil (a la vez que rápida) expresión actual de las relaciones sociales. Es la más estética de todas las ideas que vi en la exposición, aunque no la más extravagante. También es la más sencilla y, ¿por qué no usar ese adjetivo?, la más hermosa.
Yo no dudaría en ir si andara por Madrid. Esta exposición merece la pena.