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domingo, 8 de febrero de 2026

De libros: "Beethoven y Galdós, vidas paralelas", por Marta Vela.

 "Beethoven y Galdós, vidas paralelas". Escrito por Marta Vela y publicada por la Editorial Verbum.




He terminado hace unos días de leer esta magnífica obra de Marta Vela. Lo primero que debo decir es que, sin leerla, algunos podrían confundirla con una "obrita". Alrededor de 200 páginas, con ilustraciones incluidas, lo que rebaja la densidad del texto; y que a tenor de lo que se afirma en su ultimísima página, fue escrita en tres meses, de junio a agosto de 2020. Entonces, ¿cómo puede ser que haya tardado casi tres meses en leerla? ¡Amigo! porque en cuanto la comienzas, todo se redimensiona. El nivel de erudición de Marta Vela es casi inquietante, toda vez que ese caudal de conocimiento nos llega desde la sencillez, casi sin querer destacar. Solo cuando vas avanzando te das cuenta de la gran cantidad de información debidamente justificada que recibes. Erudición absoluta con respecto a Benito Pérez Galdós, quizás la segunda figura literaria más importante que ha tenido nuestro país, y sobre el que pesó la losa de su progresismo, su desencanto, y la cruel matanza del padre de quienes vinieron detrás; esa Generación del 98 que le debe tanto y que rápidamente marcó las distancias. A modo de anécdota, debo decir que yo escuché a un reputado militante de izquierdas denostar a Galdós frente a Valle Inclán, con cierta sorna, al que asombré recordándole la militancia del primero, y que el segundo, cuando volvió de su viaje a Italia, lo había hecho sospechosamente empapado de retórica fascista. Creo que aún hoy no se lo ha acabado de creer.

Pero volvamos a este libro y a su autora. Como decía, la erudición con respecto a la obra de Galdós es absoluta, pues Marta Vela desgrana una intensa y clarificadora reflexión sobre la obra galdosiana que demuestra un altísimo grado de conocimiento. Lo mismo ocurre con Beethoven y el resto de literatos y músicos que forman parte del ensayo. Así que, manos a la obra, es imposible acercarse, desde mi punto de vista, a todos los matices de este delicioso estudio sin, como mínimo, refrescar un poco nuestros recuerdos de las novelas de Galdós. Yo he sido galdosiano durante más de 40 años, y sigo cumpliendo la tradición autoimpuesta de leer siempre a Galdós durante mis vacaciones de verano. Eso me permite conocer prácticamente todos los textos que Marta Vela cita, pero mi memoria no es tan potente, lo que me obligó a repasar alguna lectura. Pero en esta brillante comparación estética, Galdós se enfrenta a algunos de sus contemporáneos, y también a los hábitos musicales de sus tiempos. Eso puede ser más o menos un ejercicio comprensible. Pero ¿Beethoven? ¿En serio? ¿Comparar la obra de un escritor con la de un músico fallecido 16 años antes de que el primero viera la luz? Aunque parezca algo extraño, Marta Vela consigue demostrarnos que la comparación no solo es posible, sino que es pertinente y arroja luz sobre muchos aspectos que hasta ahora desconocíamos. No solo los paralelismos biográficos y personales (creadores, progresistas, desengañados, arrasados por la discapacidad, de extraños comportamientos afectivos en sus relaciones con las mujeres, de talento descomunal...) sino los estéticos y morales. Y, claro, aquí la autora nos vuelve a demostrar una erudición total en lo que a conocimiento de Beethoven se refiere, y a nosotros nos obliga, sí o sí, a escucharlo; pues si se ha dedicado un capítulo a la sonata "Claro de Luna" a propósito de "Fortunata y Jacinta", por mucho que la hayas escuchado cientos de veces, hay que volver a ella y buscar aquello que se nos está desgranando. También porque los que no tenemos conocimientos musicales, entendemos mejor las partituras que ilustran partes del texto si añadimos una escucha atenta.

Así que Marta Vela presenta, como sin querer, un ensayo erudito y que debe leerse con tranquilidad, sosiego y dedicación, en apenas 200 páginas y escrito en tres meses. Esto es genio, brillantez y, por qué no, un poco de provocación. Y debemos leerlo no sólo porque nos abre un camino de comprensión y goce estético nuevo, atractivo, y contundente, sino porque recupera el alma más desconocida de un genio de la literatura, gracias al genio absoluto de la música. Así que a desempolvar tus novelas de Galdós y preparar tus discos de Beethoven. Lánzate a disfrutar de una escritura mayúscula presentada con ciertos tintes de melancolía. 

lunes, 27 de diciembre de 2021

De libros: "La liebre con ojos de ámbar. Una herencia oculta", de Edmund de Waal.


La editorial "Acantilado" lleva años forjándose un nombre casi legendario entre los lectores españoles. Obras como las que nos ocupan, y que ha llegado ya a su duodécima reimpresión, es un claro ejemplo de lo que digo. Un libro monumental, que comienza con una historia simple y termina abriendo un universo completo, complejo, y vergonzante, ante nosotros. Edmund de Waal, su autor, es un ceramista británico de enorme prestigio en su profesión, penúltimo eslabón de los Efrussi, reconvertidos más tarde en Ephrussi, acaudalada familia judía de banqueros y comerciantes con un oscuro origen en Berdichev, que se asientan en Odesa, donde comienza su expansión económica; y se ramifican, sobre todo, por París, Londres, Berlín y Viena. De Waal recibe como herencia de su tío Iggie una colección de doscientos sesenta y cuatro netsuke, unas esculturas en miniatura japonesas que aparecieron en el S. XVI para servir de pasadores que sujetan a la faja del kimono el injo, una suerte de caja plana que, a modo de bolso, permitía llevar diversos objetos de la vida cotidiana. A lo largo de los siglos alcanzaron una gran refinamiento, y encumbraron a varias generaciones de maestros artesanos. Están elaborados en madera de nos o marfil. 

Este libro cuenta el origen de la colección, en la apertura comercial del Japón de mediados del S. XIX, desde su adquisición en París por parte de Charles Ephruossi, famosísimo historiador del Arte, benefactor de impresionistas como Monet, Degas o Renoir; y su posterior periplo por Viena, Londres, Tokio y el regreso a Londres, donde aún permanecen. Visto así, es algo sencillo, pero lo cierto es que con esa excusa, la enigmática colección de refinadísimos netsuke, de Waal nos cuenta la historia de su familia y, por ende, la de la Europa desde esas lejanas fechas del S. XIX hasta la II Guerra Mundial y su posguerra. La historia del encumbramiento familiar, siempre bajo la sospecha y el encono del antisemitismo europeo, esa realidad que aún hoy duerme de forma latente en nuestra cultura, un fenómeno netamente común, no alemán ni austriaco o ruso. Un fenómeno que ha sobrevivido, de modo exasperante, al capitalismo, a la democracia, al comunismo y a la falsa piedad pro palestina. También es un breve tratado sobre la evolución del gusto y la cultura desde el epicentro parisino al resto del mundo. 

La familia Ephrussi se convierte en un símbolo de gloria y caída, de honor y burla, de sinsentidos. Sufren los embates del escándalo Dreyfuss, la violenta separación familiar de la Primera Guerra Mundial, donde los primos luchan en bandos diferentes. No aciertan a huir de Austria a tiempo y los envuelve la invasión nazi. A partir de ahí, la supervivencia y el tesón, hasta reconstruirse al mismo tiempo que Viena y Tokio, símbolos de la devastación y la derrota.  

Como sucede con "La poeta y el asesino", de Simon Worral, este libro teje una sucesión de tramas que nos llevarán a entender, algo más, la verdad, la realidad de esta Europa nuestra, y esbozará, además, subtramas, a veces más desarrolladas, otras pendientes de un alfiler, como la de la sirvienta Anna, cuya historia es crucial para la familia pero cuya memoria desaparece a morir los ancianos que la trataron sin desvelar, siquiera, su apellido. La historia de los Ephrussi, una historia de la alta burguesía, puede recuperarse, rescatarse, pero no la de los humildes seres invisibles que los acompañaron. 

Es, insisto, un relato veraz de un mundo que enloqueció, se calmó, pero sigue ahí. Recomiendo encarecidamente su lectura, y la edición de Acantilado, con traducción de Marcelo Cohen. 

lunes, 3 de agosto de 2020

De libros: "Dios Salve el Arte Contemporáneo" de Óscar García García.

Cuando un historiador del arte, un profesor de historia, un especialista, un académico de cualquier pelaje, o un cuñado con estudios; se enfrenta a las obras de divulgación, normalmente lo hace con demasiados prejuicios. Es relativamente normal. Estamos acostumbrados a estudiar nuestra disciplina a través de libros de investigación formales, con sus notas a pie de página, sus referencias, sus tesis y propuestas, su camisilla y su canesú. Cae en nuestras manos una obra de divulgación y, ya desde el principio, la recibimos con cierto mohín de soberbia indiferente o falta de curiosidad. Es cierto que muchas obras de divulgación son malas. Mienten, engañan, falsean la realidad, o, algo que siempre me ha molestado muchísimo, trata al espectador como un imbécil al que se le esconden parte de las dimensiones de un tema porque "no va a poderlo entender". O lo explica "de andar por casa" porque eres un pobre idiota. Ese ha sido mi caballo de batalla como profesor desde hace 25 años, porque nunca entendí por qué, en historia, como en otras disciplinas, a los niños o a los adolescentes, por eso de "adaptar los contenidos a su edad" les falseamos algunos de ellos, o no entramos en lo realmente importante. Cuando me he lanzado de lleno a contenidos que, teóricamente, mis alumnos no iban a entender, me ha fascinado no solo que lo entiendan, sino que lo hacen con total normalidad.


Entonces aparece Óscar García García, director de la PAC (Plataforma de Arte Contemporáneo) y escribe este libro, "Dios Salve el Arte Contemporáneo" (las versales son mías), y demuestra que se puede hacer divulgación sin mentir, siendo coherente, siendo muy preciso y certero, siendo académicamente intachable y, además, con un magnífico sentido del humor. Cuando terminé este pequeño ensayo, estuve un buen rato dándole vueltas al propio concepto de "divulgar". ¿Es este un libro de divulgación? ¿Por qué? ¿Porque no tiene notas a pie de página, ni ha bebido de archivos ni, realmente, presenta una sesuda investigación? Créanme que aún no he acabado de responderme a mí mismo esa pregunta. Porque lo que hace Óscar García García con su libro es sistematizar, ordenar, presentar y exponer con una perspectiva intelectualmente perfecta un pedazo, muy grande, del arte contemporáneo, y lo hace en 200 páginas, construyendo un discurso sólido y bien estructurado que nos pide más, como lectores. Nos empuja a entender y a colaborar. 

©Planeta

Óscar García García escribe muy bien, y eso es lo primero que se agradece. Parece una perogrullada que todo el que escriba y edite, sobre todo en una gran casa como es "Planeta", a través del mítico sello "Paidós", lo deba hacer bien. Pero últimamente es menos normal de lo que parece. Hay mucha gente que edita y publica pero no escribe bien. Eso no quiere decir que no haya coherencia sintáctica o gramatical, o que en suma la redacción sea incorrecta. Pero sucede que ni tienen estilo, ni consiguen mantener la tensión, ni saben diferenciar entre un clímax narrativo y una alcachofa. Obras que te ahogan desde el principio hasta el final con una solemnidad y una tensión que excede totalmente la historia, o, por el contrario, que te aburren hasta llevarte al borde del coma. Así que el hecho de que aparezca un tipo con estilo, con sentido de la escritura y con estructura formal, se agradece sobremanera, y eso Óscar García García lo cumple casi canónicamente. Sintético, preciso y claro, disecciona el arte más actual con un fino lenguaje irónico que mantienen el pulso (he leído el libro en apenas una tarde, no podía soltarlo). Pero es que además de escribir bien y con un gran sentido del humor, el sistema que elige para exponer la realidad del arte más actual (con cierta reverencia por el arte urbano, se le nota), es paradójico: los pecados capitales y los artistas de hoy (un hoy relativo, algunos llevan años criando malvas). Se me antoja un sistema al uso, tradicional desde el punto de vista conceptual, para sin embargo zambullirse en propuestas novedosas, arriesgadas y, a veces, muy difíciles de entender para el gran público. Pero sucede que Óscar García García, porque se dedica a ello y porque sin duda se sumerge a diario en el arte más inmediato, no solo lo comprende muy bien, sino que sabe explicárnoslo con total esmero. ¡Ay! cuántas conferencias y cuántos textos sobre autores actuales he tenido que tragarme desde mi juventud en los que para comprender una palabra había que hacer un auténtico ejercicio de fe y poner toda tu carne intelectual en el asador. Pero en este libro no. Aquí, discursos estéticos que pueden resultar difíciles de explicar, como es el caso de Ángela de la Cruz o Takashi Murakami, por elegir dos de ellos, se nos presentan diáfanos, limpios y libres de polvo y paja (sobre todo de paja, no es un libro nada complaciente consigo mismo). Es un don, es muy difícil, y hay que aplaudir a Óscar García García por ello, porque ha escrito un libro de arte que podría ser muy difícil de aceptar o asumir por el espectador, pero lo ha hecho con una claridad tan exacta que no deja indiferente. Conceptos como performance, happening, instalación, etc., aparecen tan bien definidos como situados en el contexto artístico. Por cierto, también hay pinceladas, sin sumergirse demasiado pero generando un discurso paralelo, a la visión femenina y feminista del arte; no estaría mal que el autor se plantee un libro al respecto con los mismos mimbres que ha tejido éste. 


Pero no es una mera descripción expositiva de artistas y artes a través de un hilo conductor que puede resultar extravagante (al fin y al cabo, es un método analítico, y resulta tan certero e interesante como muchos otros). Es también un ensayo sólido, aunque escondido, sobre el propio discurrir del Arte Contemporáneo. El prólogo, la introducción y el epílogo son textos independientes dignos de aparecer en cualquier revista especializada, y de eso sí que entiendo algo porque me pasé década y media de mi vida publicando y trabajando alrededor de esas revistas. Si fuera un catedrático al uso, Óscar García García habría llenado esos tres apartados de su libro de mucha decoración filosófica, alta estética, hermenéutica, cuarto y mitad de palabrería en latín o griego, algo de Platón, por supuesto los existencialistas y dos o tres filósofos más de relleno; pero no lo hace, ni falta que le hace, y con ello consigue algo que es, créanme, muy difícil: escribir un texto sobre arte contemporáneo con un sólido arranque y un cierre conceptual preciso que además puede entender con solvencia cualquier lector. Pero sin bajar la guardia, sin disfrazarlo de "si no lo explico así, no lo vais a entender". Personalmente, pienso usar esa introducción y ese epílogo en mis clases el próximo curso con mis alumnos, y me estoy planteando incluso un proyecto que gire alrededor de este libro. En un marco académico en el que empleamos meses, años, para exponer y explicar al arte hasta principios del S. XIX y nunca logramos difundir el arte posterior con la misma intensidad, creo que hacen falta más libros como este. 

En cuanto a la edición, un señor mayor, que es lo que yo soy, echa de menos que aparezcan muchas más ilustraciones e imágenes de las que tiene. Es curioso que un libro de arte no tenga ni una imagen fotográfica de las obras o los artistas que desgrana. No sé si es una cuestión de editorial, pues un libro de arte ilustrado es evidentemente más caro; o si es una decisión formal del autor, porque es cierto que me he visto a mí mismo leyendo sobre los diferentes artistas y usando google a la vez para buscar imágenes que me permitieran entender mejor lo que leía. En algún lugar al comienzo del libro, Óscar García García hace ese guiño, y lo dice abiertamente, sugiriendo al espectador que busque y googlee. Eso lo conecta con una generación acostumbrada a ello, los famosos nativos digitales. No significa que yo no sea capaz, que lo soy perfectamente, pero aún así la pereza (ese pecado capital de tan alto rendimiento artístico) y la perspectiva me hacen soñar con una edición de "Dios Salve el Arte Contemporáneo" ilustrada con profusión. 

Quiero terminar esta reseña no solo recomendando encarecidamente leer este libro, sino también glosar un poco la labor de Óscar García García al frente de una institución de gran importancia para la difusión artística, la Pac o "Plataforma de Arte Contemporáneo" que sin duda es, hoy por hoy, el punto de encuentro y difusión artístico más importante de nuestro país, un espacio en el que confluyen estudios, propuestas, informaciones y convocatorias; pero también iniciativas y proyectos propios que la convierten no solo en un agente difusor sino también creador de arte y de discusión estética. Aquí tienes el enlace:


Conocí a Óscar García García muy brevemente al final de la primavera de 2019 porque ambos fuimos invitados a participar de un evento artístico, él en serio, yo creo que en broma porque estoy bastante lejos de los demás participantes. Luego lo volví a ver cuando presentó este libro. Apenas hemos cruzados un par de conversaciones amables y poco más. Pero tanto en esos breves encuentros como en su actividad en redes, que sigo con fruición, se desprende algo que esta obra refleja desde la primera a la última palabra: Óscar García García ama el arte contemporáneo, lo vive, se desvive, y se ha propuesto trabajar por y para él, con un entusiasmo que sin duda será capaz de contagiar hasta al lector más escéptico, Me emocionó que entienda, como yo, el arte como la única actividad que realmente diferencia al ser humano con el resto de animales, porque es algo que siempre he defendido en mis clases, a veces con poco éxito (los filólogos siempre dicen que es el lenguaje el verdadero hecho diferencial). "Dios Salve el Arte Contemporáneo" (ojo al matiz "el" no "al", que tiene más enjundia de lo que parece) está publicada por Paidós para Planeta, y se puede encontrar en cualquier librería. 

sábado, 25 de julio de 2020

De libros: "Los inocentes" de Oswaldo Reynoso.

La editorial "estruendo mudo", que descubrí en mi último viaje a Lima junto con la librería del mismo nombre, reeditó en 2006 el clásico de la literatura peruana "Los inocentes", una colección de cuentos entrelazados escritos por Oswaldo Reynoso (1931 - 2016), cuidadosamente revisados por el autor, que los había publicado originalmente en 1961, causando un notable revuelo. Ha tenido una edición con otro nombre, muy poco adecuado, "Lima en rock". Pero si lo encuentras, debes saber que son la misma obra. No puedo hacer una reseña de este libro al uso, porque sería como reseñar "La Tía Tula" de Unamuno o "Misericordia" de Galdós. Es una obra conocida, sobre todo en Iberoamérica, y ha sido presentada y analizada algunas veces en nuestro país, sobre todo por el gran Luis Antonio de Villena, que lo ha leído y conoce todo. Sería muy petulante por mi parte divulgar una obra conocida, un clásico de la historia de la literatura del Perú, y presentarlo de nuevas. Reynoso es un escritor inmenso, que abrió un camino que luego muchos siguieron. Un realismo social preñado de jerga y de escenas inquietantes que, por supuesto, azoró y molestó a la sociedad peruana, a la que no le gusta nada mirarse en el espejo. 


Nosotros, en España, conocimos gracias a "Los cachorros" y "Los Jefes" ese estilo peruano realista e iconoclasta de la mano de Mario Vargas Llosa, pero no es lo mismo, ni es igual. La capacidad analítica de Reynoso, y sobre todo su investigación filológica, es más intensa, y finalmente más veraz, aunque Vargas Llosa sea un literato más completo. En otras artes como la pintura o la escultura, pasa también mucho que conocemos a un gran artista y por su fuerza y originalidad, pero también por desconocimiento contextual, creemos que es un hito aislado, original en sí mismo, sin raíces. Eso se arregla de un modo fácil no sólo poniendo a cada autor en su lugar, sino por medio de exposiciones que permiten realizar esa contextualización. Así, sabemos que Velázquez, Rubens, Rembrandt, Goya o Picasso tienen un contexto y nacen del mismo. Ahora mismo en el Museo Thyssen de Madrid se puede ver una magnífica exposición sobre Rembrandt y el retrato holandés de los S. XVI y XVII que nos aclara el panorama: Rembrandt tiene un punto de partida y un proceso de singularización dentro de una escuela pictórica excepcional, con autores que muchos, incluso los que hemos estudiado historia del arte, no conocíamos. 


En literatura, como en música, es más difícil hacer ese viaje. Pero si tienes suerte y de pronto cae en tus manos una obra como la que estoy reseñando, entiendes que muchos de los autores iberoamericanos que conocemos, la gran generación que se juntó en Barcelona, por ejemplo, con Vargas Llosa y García Márquez a la cabeza, tuvieron unos antecedentes claros, una tradición que muchas veces no nos ha llegado. Así, las historias que nos escriba Reynoso de un grupos de adolescentes y jovenzuelos de barrio limeño a principios de los 60, con sus alusiones a la prostitución homosexual, sus códigos de conducta, los olores, los ambientes, y la realidad tan poco folclórica, son una revelación de apenas 50 páginas. Esos chicos de pandilla, de billar y de cerveza, esos hombrecillos haciendo un viaje iniciático siniestro, son los mismos que luego nos deslumbraron en la obra de otros. Entonces "Matacabros" de Santiago Galarza se nos antoja un vigoroso homenaje, por no decir otra cosa más concreta (y delictiva), a "Los inocentes", con una salvedad: "Matacabros", publicado originalmente en 1996, no tiene hoy en día el más mínimo interés, ha envejecido desastrosamente mal pese a los intentos de recuperación, mientras que "Los inocentes", publicada en 1961, resiste hoy cualquier lectura, y cualquier análisis. 


Oswaldo Reynoso fue profesor, fue un prolífico autor, y tuvo miles de incidentes en su país debido a lo que la bienpensante sociedad peruana denominaba libertinaje u obscenidad literaria. Por razones políticas tuvo que exiliarse durante la dictadura de Morales Bermúdez, y eligió China para hacerlo. Marxista convencido, refugiarse en China no es, para mí, su mejor decisión, toda vez que su país, Perú, vivió la voraz violencia de Sendero Luminoso, el grupo guerrillero maoísta que dejó tras de sí centenares de miles de muertos y una sociedad destrozada. Pero bueno, eso son historias mías, él se mantuvo marxista hasta el final, lo que además chocaba con su condición homosexual, que habría significado su ruina en cualquier país comunista. Un mes después de su muerte fue publicada una foto en la que en pose de artista señorial luce junto a un modelo desnudo, tan parecido a los mestizos y cobrizos chicos de barrio que nos reveló en su luminosa literatura. Pidió que esa fotografía no viera la luz hasta su muerte: último pudor o última provocación. Eso debemos decidirlo nosotros. 


Si tienes la oportunidad, y este libro cae en tus manos, no dejes de leerlo. La edición revisada de "estruendo mudo" no es de especial calidad, tiene problemas tipográficos y de impresión, y se le han añadido una colección de fotos, que en el caso de un autor consagrado tiene más sentido que cuando lo hacen con autores nóveles o seminóveles; y algunos artículos sobre el autor y su obra escritos por diferentes intelectuales o personalidades relevantes peruanas, que a mí me han interesado menos por su irregularidad. 

sábado, 1 de febrero de 2020

De libros: "Lima Freak" de Juan Manuel Robles.

El libro que nos ocupa es uno más de la colección de literatura peruana que, más o menos al azar, compré en mi último viaje al que se está convirtiendo en mi segundo país. Lima Freak: Vidas insólitas en una ciudad perturbada, es una colección de crónicas que en su momento publicó en prensa el periodista y escritor limeño Juan Manuel Robles, y que fueron editadas como libro originalmente en 2007. En 2019 la Editorial Seix Barral, parte de Planeta, decide reeditar la obra, con prólogo de Juan Pablo Meneses y nota previa del propio autor. 
Portada de la edición de 2019. Magnífica. 
La semana pasada comenté un libro, Matacabros, cuya reedición más de 10 años después de su salida original, le hacía poco favor al autor, Sergio Galarza, porque la obra, bien escrita y notable para un autor novel en los 90, sin embargo no aportaba ya nada, y se había quedado anticuada, aparte de falta de estilo. Sin embargo, Lima Freak no solo no acusa el paso del tiempo, sino que incluso mejora. Desde mi punto de vista, debido a dos cosas. En primer lugar, a que Juan Manuel Robles no era un escritor novel ni una promesa de las letras peruanas cuando publicó cada una de las crónicas y más cuando las recopiló. Sabe escribir muy bien, domina el estilo y el género, y es francamente un escritor con un gran talento. Además lo sabe, pertenece a una generación de escritores de todo el mundo, como Laurent Binet Sacha Batthyany que escriben casi con insolencia porque saben que lo hacen estupendamente. En segundo lugar, porque las crónicas nunca pasan de moda. La crónica periodística, la crónica histórica, siempre permanecen. Hoy leeríamos con fruición una crónica de época de, por ejemplo, las Guerras Napoleónicas, o de la II Guerra Mundial. La crónica es un texto periodístico que no necesita la inmediatez, sino que huye de ella. Reposada, pensada, concluyente, aparece cuando el problema se resuelve, el protagonista está consagrado y tiene poco que esconder, la verdad es conocida por todos. La crónica, mordaz, pujante, analiza, presenta y otorga una vigencia que la urgencia de una noticia no tienen. 

Las crónicas que recopila Lima Freak, en 2019, son historias de un pasado que perdura, y que forma parte de la historia reciente de una sociedad tan cambiante y dislocada como la limeña. Algunos de los protagonistas han muerto: Genaro Delgado Parker y Augusto Polo Campos. Sofía Mulanovich ya no es la flamante campeona mundial de surf, sino que ha engrosado su palmarés, se ha alejado y ha vuelto. Rafael Osterling ya no es un treintañero que sale a ligar por las noches, sino que pasa los 50 y está en la cúspide de la gastronomía peruana como un dios diletante. Laura Bozzo es una caricatura de sí misma, y Cromwell Gálvez ha salido de la cárcel y no sé si vuelto a entrar otra vez. Lo sabemos. Pero las crónicas con las que Juan Manuel Robles los presenta nos atrapan, aunque sepamos que pasó después, porque describen con precisión filológica un momento, un lugar, y una realidad clave en todos y cada uno de ellos. Nos enseñan a entender Perú, que no a comprenderlo, y nos abre el apetito de saber más. 
Portada original de 2007. La actual es mejor. 
La crónica, escribe el propio Robles en su nota preliminar, está casi muerta en la prensa mundial. Internet, las redes, la nueva forma de consumir noticias y actualidad, la han ido dejando olvidada. Sin embargo son fundamentales, y obras de maestría. Quién sabe si, en algún momento, estos tiempos de locura y vértigo vuelven a dar paso a la necesidad de comprender, más que de saber o conocer. Ahí renacerá la crónica, y con ellas el periodismo con mayúsculas. 

Juan Manuel Robles domina el género, compone sus historias con una estructura clara, que repite con éxito, y no pasa desapercibido. Es curioso que hay lugares comunes en todas ellas: los paisajes cenitales, por ejemplo, pero lo notamos porque aparecen varias juntas, si las leyéramos de tanto en tanto en prensa pasarían desapercibidos. Y tienen un leve esbozo de machismo, otro de homofobia, y un tanto de chovinismo. Pero todo ello intentando no ser ninguna de esas cosas. Bien es verdad que en códigos peruanos, por ejemplo, ser levemente homófobo es ser gayfriendly. Y lo gracioso del toque chovinista es que lo es luchando por hacer lo contrario: romper con una de las asfixias más desesperantes de la cultura peruana, como es el nacionalismo ensordecedor. A mí es un autor que me ha gustado mucho, y me da rabia no haberlo conocido antes. Así que me he lanzado a buscar otras de sus obras, como las más recientes Nuevos juguetes de la Guerra Fría (Seix Barral, 2015) y No somos cazafantasmas (Seix Barral 2019). Te invito a seguirlo y a leerlo, es un autor excepcional. Por cierto que la portada me ha parecido genial, y fue el 60% de mi interés inicial por comprarlo, cuando desconocía todo de la obra y del escritor. 



domingo, 26 de enero de 2020

De libros. Sergio Galarza: Matacabros.

"Matacabros" es una colección de cuentos escritos por el autor peruano Sergio Galarza y publicados originalmente en 1996 en la Editorial Asma. 16 años después, la interesantísima Editorial limeña Estruendomudo los reedita, al parecer con ciertos retoques estilísticos por parte del autor. Galarza es un escritor que goza de cierto prestigio y que en 2018 publicó una novela en Alfaguara, donde, por otro lado, publican muchos autores peruanos consagrados. 



Aquí es donde, a mí, me surge el conflicto. Hace mucho tiempo, pues debía correr el año 1994, tuve la suerte de pasar una jornada con, entre otros, Francisco Brines. La historia es sencilla: yo era secretario de un curso de Historia del Arte en la Universidad de La Laguna, donde participaban grandes profesores y catedráticos, entre ellos el recordado Dr. D. Alfonso Pérez Sánchez. Coincidió que Francisco Brines estaba en Tenerife para un recital o acto poético que no logro recordar. Gran amigo de Pérez Sánchez, éste se puso en contacto con él, y conseguimos que nos acompañara a un viaje a La Gomera que servía de colofón al ciclo de conferencias. No puedo negar que para mí fue una experiencia increíble. Apenas recién licenciado compartía horas con algunos de los más míticos historiadores del Arte españoles (Pérez Sánchez, Borrás, Navascués, Yarza...) y encima tenía la oportunidad de conocer a uno de los grandes poetas españoles contemporáneos. Pero vamos al lío. Justo el día de la excursión a La Gomera, ABC publicó que se habían editado una pequeña colección de poemas de juventud de García Lorca. Francisco Brines reaccionó con cierto pesar: esos poemas no debían publicarse para el gran público porque no aportaban nada. De hecho recitó en voz alta alguno de ellos y, efectivamente, eran notables, cargados de talento, pero eran obra de un aficionado que aún no había conseguido un estilo propio. Es más, continuó Brines, si el propio Lorca no los había editado en vida, ¿para qué servía editarlos ahora? En su opinión, ese tipo de ediciones debían ser pequeñas y restringidas al ámbito académico, pero no al público en general, porque podían dar una visión falsa de un grandísimo poeta a los no versados. Guardé esa idea, esa enseñanza, durante años.

La reedición, que me compré en un reciente viaje a Lima, de la primerísima colección de cuentos de Sergio Galarza me hizo recordar, cuando la leí, la anécdota de Francisco Brines. No aportan nada, y desmerecen al autor. Son la obrita de un aficionado, de un esforzado joven que tiene talento y sabe escribir, pero aún no tiene lenguaje. Son suyos porque los ha escrito él, pero realmente pertenecen a otras personas. Así que, una persona como yo, conocedora de la literatura, lector apasionado, y que con los años, además, se ha hecho con una pequeña colección de literatura peruana más allá de Vargas Llosa, Brice Echenique, Roncagliolo o Bayly, lee esta obra por primera vez, y no ve un autor. Es más, incluso puede no interesarle demasiado conocerlo. Yo soy otro tipo de persona, más obsesivo compulsivo, y ya antes de leer los cuentos sabía del escritor y de su historia, así como de sus posteriores triunfos. Aún no es una figura de las letras peruanas, pero podrá serlo, tarde o temprano. 


Reeditar para el gran público esta colección no le hace un favor. Porque dudo mucho que sea un hito cultural peruano que deba ser revisitado (como "Los inocentes", de Oswaldo Reynoso, por ejemplo). Así que no era una reedición conmemorativa ni necesaria. Y habían envejecido mal. 


Ojo, se leen con gusto, con ánimo, y cuando terminas una historia te sumerges en la otra con fruición. No aburre ni nada parecido. Es una obra para leer una tarde de sosiego. Retrata una juventud que se anhela, pero a la que no se pertenece, y están escritos, ya lo he dicho, con talento. Un buen sentido de la narrativa, el ritmo, y la estructura. Finales abiertos, finales imposibles, en historia que intentan ser de un crudo realismo pero están pobladas por personajes que, de principio a fin, son estereotipos. Desde los jefes de bandas que se pelean hasta sus últimas consecuencias (que me llevó a "Rebelde sin causa" automáticamente), hasta la maligna gringa que convirtió una pandilla de jóvenes adolescentes peruanos futboleros y con pocas expectativas en un remedo de grupo outsider limeño dominado por las drogas y el espíritu ¿punk? ¿hippie? Al final no me enteré muy bien. O el asesino de travestis que lo hace porque, al final lo intuimos, uno de ellos lo violó... o no. Estereotipo, estereotipo y estereotipo. Pero además que ya he leído en novelas peruanas antes. Tanto de los grandes autores reconocidos internacionalmente como de otros que quedaron para el consumo interior, no menos grandes por ello. 



A ver: están "Los Jefes" y "Los cachorros" de Vargas Llosa asomando por cada esquina. Una referencia que, cosas de la cultura peruana, no hace ninguno de los que glosa al autor y a su primerísima publicación, pero que es innegable. Posiblemente al propio Galarza no le haga gracia mi comparación. Y también está ahí Bayly, pues no hay que olvidar que su "No se lo digas a nadie" se publicó dos años antes que este libro, y cabe suponer que Galarza, como tantos jóvenes peruanos, la leyó apasionadamente. Y hace tiempo leí una novela de un gran periodista peruano del que no logro recordar el nombre, ni el título de su obra, y que presté y nunca volvió, por lo que no puedo consultarla y por mucho que lo intento en Google no doy con las palabras claves. Y en esa novela salen ya algunos de los personajes que aparecen en esta colección de cuentos, pero reales. También está Oswaldo Reynoso, claro. Y algo de cine. 

Intenta ser la novela de la descripción de una Lima en decadencia y los hijos desarmados de esa madrastra. Pero es que esa descripción de exactamente esa Lima ya estaba escrita. 

Por otro lado me sorprende que esta obrita se haya reeditado con prólogo del autor (¿en serio? ¿una obrita que no llega a las 100 páginas?), epílogo de un notable Jorge Eslava (y ni aún así llega a las 100 páginas); así como un elogioso comentario en la contraportada de Cronwell Jara, que al parecer es un extracto del prólogo a la primera edición, y un poco tramposo porque Galarza es discípulo de Jara, y alumno aventajado de su taller de escritura. Por último, lo que ya me dejó absolutamente desconcertado es que, en una edición que por abaratar costes se emplea un papel deplorable y una encuadernación pobre, no solo haya "camisa" o cubreportada, sino que se añada un anexo en papel satinado de buena calidad de fotos de distintos momentos de la vida del autor. Sobra totalmente, y desconozco la razón de incluirlas, no había visto algo así en mi vida. 

No pierdes nada leyéndola, pero no le hace un favor a su autor y su carrera posterior. Cuando sea un escritor de culto, y se estudie en las universidades, que talento y posibilidades hay, así como una carrera, quizás podría servir para estudiar unos orígenes, pero sacarla a la luz de nuevo no aporta, sino que resta. Y creo que Sergio Galarza es un gran escritor peruano, pero en "Matacabros" aún no lo era. 

sábado, 25 de enero de 2020

De libros. Danilo Kis: Enciclopedia de los muertos.

"Enciclopedia de los muertos" es una colección de cuentos de Danilo Kis (Subótica, Serbia, 1935 - París, Francia, 1989), publicada en 1983. Sin embargo, la primera edición española no llega hasta 2006 en Ediciones El Aleph. Dos años después, la Editorial Acantilado, cuyo esfuerzo por traducir y publicar autores del este de Europa poco o nada conocidos en nuestro país es monumental, encargó a Nevenka Vasiljevic una traducción que vio la luz en 2008 y fue reimpresa en 2013. Esta es la versión que nos ocupa. 



Danilo Kis es un autor de enorme talento y prestigio. Tiene una narrativa que a veces se emparenta con Borges. También un imaginario rico expresado con con parca y adusta severidad. Lo descubrí hace años con "Laud y cicatrices", gracias también a Acantilado, y me conquistó desde el principio.


La muerte desde muchas perspectivas es el hilo conductor de estos 9 cuentos, con un Post scriptum que no se sabe muy bien si es realidad o fantasía. Antiprofetas cuya muerte sirve para ridiculizar a los primeros apóstoles, prostitutas que movilizan a toda una ciudad en sus honras fúnebres; santones resucitados para volver a morir, inmediatamente; videncias siniestras, con el espejo que anuncia el asesinato cruel; el discípulo que traiciona y ensucia la memoria del maestro para que nadie descubra la verdad del fraude; la ejecución del hombre que sonríe feliz, convencido por la imagen de su madre de que no va a morir; el complot antisemita que difunde el bulo del complot sionista; la mujer que narra, de manera epistolar, el amor que nadie sabrá (y que recuerda la "Carta de una desconocida" de Sweig)... Esas son las historias. Muchas veces con unos finales abiertos, otras en las que se nos presentan todas las posibilidades. El protagonista muere, la madre piadosa lo ha convencido de que no morirá, o la madre fue engañada, o la madre está orgullosa de la ejecución. ¿Qué ha sucedido? ¿Acaso importa?

Y, como no, un cuento de gran entidad que da nombre a la colección: la historia de la existencia, en un lejano lugar del norte, de una Enciclopedia de los muertos, que narra la vida de todos los seres humanos, anónimos, que han poblado la tierra, y que el propio autor relaciona, en el post scriptum, con el inventario genealógico que los mormones tienen enterrado bajo unas montañas de Utah. Una hija lee ahí la historia completa de la vida de su padre muerto, descrita con frialdad hasta el último de sus detalles. 


Mi favorito es El libro de los reyes y de los tontos, porque es la historia alambicada de un libro que primero es una cosa, y se convierte en otra, sin que casi ninguno de los que lo tuvieron en las manos y lo manipularon supieran que era un engaño superior creado para motivar actos atroces en las Guerras Mundiales. El complot antisemita que denunció un falso complot judío. Un ejercicio de estilo en un autor con muchas referencias judías (su cultura) en su obra. 

No esperes un libro ligero, que leer en una tarde tranquila. Te va a obligar a pensar, a releer, a buscar claves, te hará enfadar y te obligará a respirar entre una historia y otra. Ese es Danilo Kis. Un estilo que culebrea, que cambia, que se nos presenta a veces oscuro, otras muy diáfano. Pero siempre enriquecido por un potente discurso intelectual en el que tantos detalles se nos escapan a los lectores de a pie. Lo recomiendo, aunque solo sea para obligarnos a pensar en el tabú de la muerte. 






domingo, 14 de julio de 2019

De libros: "La poeta y el asesino", de Simon Worrall.



La editorial "Impedimenta" presenta esta obra de 2002, que no ha tenido edición es España hasta 2019 (si hubo edición anterior en castellano, pero en Argentina), con traducción de Beatriz Anson. Se trata de uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo, y que narra en 348 páginas, del modo más apasionante, la historia de uno de los más grandes falsificadores que han existido: Mark Hofmann, dotado de una personalidad psicopática que lo convirtió, también, en asesino. Hofmann era un modesto anticuario de libros y monedas de Sant Lake City, miembro de la Iglesia Mormona, que en los años ochenta descubrió y vendió importantísimos textos originales mormónicos a su iglesia, pero también a una facción crítica de la misma. Todos esos textos tenían algo en común: ponían en duda los orígenes de la organización y pintaban a su fundador, John Smith, más cerca de ser un forajido borracho, mentiroso, depredador sexual y pendenciero que de un profeta. A parte de ello, a lo que dedicó gran parte de su vida, también vendió manuscritos originales de Daniel Boone, Mark Twain, Abraham Lincoln, Emily Dickinson, y un sinfín de autores y personalidades más. Se calcula que unos 127. También consiguió y trató de vender un ejemplar del primer texto impreso en Estados Unidos, "El Juramento del Ciudadano", de valor incalculable y que se creía perdido. 
Mark Hofmann durante el juicio.
La clave de todas estas piezas, que le consiguieron una indudable reputación, es que eran falsificaciones, salidas, todas, de sus manos. No quiero desvelar muchos elementos del libro, porque es una suerte de novela de misterio, pero un falsificador normalmente se especializa en uno, o a lo sumo, y muy raramente, dos autores. Se mimetiza con él y logra generar obras indistinguibles del original. Hofmann lo hizo con muchos, sin dificultades, copiando a la perfección su caligrafía y dominando hasta el último detalle de lo que rodea una falsificación: papel, tinta, efectos del tiempo, hongos, defectos y desperfectos. Antes de que lo desenmascararan, las obras de Hofmann pasaron incluso el filtro de los expertos del FBI o la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Sólo cuando se desveló su reputación, se empezaron a rechazar sus hallazgos. Por meses, la citada Biblioteca del Congreso no adquirió el "Juramento de los ciudadanos" por más de un millón de dólares. Y lo rechazó exclusivamente porque aparecieron dudas sobre Hofmann, no sobre la veracidad del documento. Habría sido un escándalo indudable.
Mark Hofmann y los principales dirigentes de la Iglesia Mormona.
El problema es que Mark Hofmann llevaba una vida muy por encima de sus posibilidades, y empezó a acumular una colección de primeras ediciones, especialmente de obras infantiles, que llegó a ser notable, pero que lo dejaron inmerso en un océano de deudas. Para pagarlas, generó un negocio piramidal alrededor de sus falsificaciones, pagaba una deuda generando otra, y cuando las dudas comenzaron a caer sobre él, y se cortó el crédito y los acreedores, algunos muy peligrosos, comenzaron a reclamar su dinero, trató de evadirse asesinando a dos personas y simulando un atentado contra sí mismo, diseñando un plan criminal que finalmente no funcionó. 
Mark Hofmann de joven y en fechas recientes.
Más de diez años después de que Hofmann fuera detenido y condenado, y se conociera el catálogo de obras que falsificó, la casa de subastas Sotheby's saca a la venta un original manuscrito de Emily Dickinson, posiblemente la mayor poeta de los Estados Unidos, generadora de un lenguaje propio y libre, que apenas había publicado durante su extraña y escurridiza vida. Poco después de la venta, Sotheby's, discretamente, tiene que devolver el dinero de los compradores por tratarse de una falsificación de Hofmann. 
Única imagen autentificada de Emily Dickinson, con 16 años, en un daguerrotipo.
Simon Worrall escribe este excepcional libro desgranando en sus 348 páginas un absoluto ejercicio de erudición. Cuando lo terminas, resulta que has recibido una información de gran calidad y profundidad sobre Mark Hofmann y sus razones para tratar de dinamitar el credo mormón desde dentro. Para entender eso, nos hacen una clara exposición de lo que es la Iglesia Mormona y cuáles fueron sus orígenes, así como su actual organización. De igual forma, para asimilar el talento brutal de Hofmann, Worrall nos introduce en el concepto de falsificación y su historia en Europa, Asia y América, así como en la fabricación del papel, las tintas y el proceso técnico y mecánico de la escritura. Cómo escribimos y por qué. También  del envejecimiento de un documento y sus patologías. Incluso nos informa con detalle sobre el mercado bibliófilo y documental, la moral flexible de las casas de subastas (al fin y al cabo Sotheby's vendió un documento del que tenía claros indicios de falsedad) y muchísimos aspectos técnicos y comerciales alrededor del tema. Como no, además, hace una biografía sustancial de Emily Dickinson y explica tanto su proceso creativo como los principios fundamentales de su literatura. Mark Hofmann intentó generar una relación paralela y moral con Dickinson. Al final del libro, Worrall expone su opinión acerca de la imposibilidad ese paralelismo. 
Daguerrotipo de reciente aparición que puede corresponder con Dickinson (a la izquierda).


Lo que hace muy grande esta obra es que ese nivel de erudición y la cantidad de temas que tiene que desarrollar para que entendamos la trascendencia de Hofmann, se expone con una total amenidad, aplicando severamente el principio de "más es menos"; o como ya indicó Italo Calvino que debía ser la literatura del S. XXI,  empleando el mínimo de palabras necesario para expresar la idea adecuadamente. Al final, asistimos al funcionamiento de una mente brillante y psicopática, estéril y destructiva, que queda perfectamente descrita y desgranada, sin que, sin embargo, Worrall nos sumerja en las raíces y estructura del concepto psiquiátrico de psicopatía. La estafa de Hofmann va de la mano de la estafa del credo mormón, de la estafa del mercado de subastas, de la estafa de las antigüedades; y, al final, de la estafa cultural de una civilización. Recomiendo intensamente la lectura de este libro. Te enganchará desde un primer momento y no podrás soltarlo hasta que lo termines. Lo tiene todo a la vez, una novela de misterio, un ensayo sesudo y un alegre divertimento. Es una auténtica obra maestra.

jueves, 13 de junio de 2019

Mi presentación del libro "Susanita no perdió su ratón" de Julia Martínez en la editorial Libros Indie.



Discurso de presentación del libro de Julia Martínez Fernández "Susanita no perdió su ratón", editado por Libros Indie en Madrid el pasado mes de mayo. El acto de presentación, en "La Bicicleta Café" se desarrolló con mucho éxito el pasado 11 de junio de 2019.

Se indica qué fotos son propiedad de Julia Martínez y están publicadas en su instagram @jul_mtz. También puedes encontrarla en Twitter como @jul_mf , y en Facebook como Julia Martínez Fernández. Nos ha autorizado para la puiblicación en este blog.

Si quieres adquirir el libro puedes hacerlo a través de Libros Indie (https://librosindie.com/), ponerte en contacto con la autora a través de redes o puedes enviarme un comentario.

Este es el libro de una mujer agazapada. Se desarrolla en una pequeña terraza llena de cadáveres vegetales, con ella sentada en una silla minúscula ante una mesita aún más diminuta, si cabe. No es casual, es el escenario mínimo de una mujer que nunca quiere estar ni aparecer. Allí, un café humeante, uno, dos o tres cigarrillos compulsivos; unos vecinos que resultan historias fascinantes cuando no tienes que vivir con ellos, y un cáncer.


Porque el ratón de Susanita tiene cáncer. No una “penosa enfermedad”. Cáncer que tendrá que operarse, que implicará extirpaciones, y una angustiosa recuperación.

El cáncer y la muerte son dos temas tabú para nuestra sociedad. No nos gusta mirarlos ni reflejarnos en su espejo. Nos incomoda. A veces incluso lo sacralizamos y le damos un valor que no tiene. El cáncer no es más que una enfermedad. Difícil de tratar, genera ansiedad, miedo y rechazo. No sabemos cómo actuar cuando alguien nos cuenta que lo está padeciendo. Somos tan hipócritas con el asunto que no queremos hablar de él ni asumirlo, y damos respingos cuando alguien lo banaliza: un chiste, una ilustración o un comentario. A este respecto, aunque Julia es fotógrafa y es lógico que lo que ilustre este libro sean fotos, lo cierto es que en origen llevaba acompañando unas lindísimas ilustraciones, hechas al tiempo que se escribía el diario, algo naif, algo infantiles, que han desaparecido de la edición final pero espero se puedan recuperar en un futuro. Llevaban a la sonrisa y a la reflexión. Habrá quien piense que ilustrar como si fuera un libro infantil un diario de guerra contra el cáncer sea macabro. Pero se equivocan, sin paliativos. Ante el cáncer, ante la muerte, no somos más que niños pequeños, vulnerables y que balbucean; pero sin inocencia ni ingenuidad. Me gustan los dibujos que Julia diseñó junto a este diario porque acercaban una tierna sonrisa cabal a un periodo de intensa perturbación.

Porque cuando el cáncer, la muerte, toca a tu puerta, lo que sigue es un cataclismo de brutal perturbación. Esa mujer escondida en su rinconcito hace recuento cada día de lo sucedido y de lo que va a suceder, porque el resto de su tiempo le toca dejarse llevar y entrar en el torbellino que la agenda del cáncer impone.
Foto de Julia Martínez Fernández
Te sirves un café, te vas a un rincón, fumas, y organizas el día sin tiempo para nada más. De todo esto va la historia que nos cuenta Julia Martínez, agazapada en la terraza. Por eso yo he agradecido tanto este libro, porque espero que con su tímida poesía sirva para hacer reflexionar a alguien sobre la necesidad de un apoyo efectivo y profesional hacia los enfermos y sus familias, porque el post cáncer puede ser arrasador y el estrés muchas veces se cronifica.

Julia y su ratón llevaron en silencio el cáncer y no nos hicieron partícipes del mismo hasta que pasó, o casi. Por lo menos hasta que se atisbó el final. No solo fue un acto de calculada intimidad, que todos comprendemos. También fue una reacción común. Las familias que viven el cáncer rara vez lo visibilizan porque tienen miedo de la reacción de los otros, que la mayor parte de las veces son más agobiantes que la soledad. No sabemos reaccionar ante el cáncer, e incluso huimos de él. Te ahorras las caras, la forzada amabilidad y los silencios incómodos. Callas y actúas.
Por eso este libro es un diario de soledades. No nos engañemos. Por mucha compañía, mucho tuit solidario, pañuelo rosa o maratón de apoyo, lo cierto es que los enfermos de cáncer están bastante solos, y así han de pasar su enfermedad. Son prioritarios, y su ansiedad, su dolor y su pánico se sitúan por encima de todos los demás. ¿Y quiénes son los demás? Los que los acompañan. Esos vivimos una doble soledad, porque nadie nos hace caso, nadie nos consulta ni nos pregunta cómo estamos. Ponemos a nuestro enfermo por delante de cualquier otra necesidad, y si te quejas o lo comentas parece que eres un desalmado. “Joder, su marido con cáncer y ella quejándose de lo mal que lo pasa”. Así que nos callamos y aguantamos. Meditamos, o no, en silencio. Lloramos, o no, cuando nadie nos ve. Somos el acompañante, el que coge de la mano, el que consuela, el que organiza todo para encajar la agenda del cáncer en la vida familiar; y muchas veces somos el sparring silencioso, porque nuestro enfermo dirige hacia nosotros su frustración y su miedo. Y tú te aguantas.

Por todo ello, esta es también una historia de amor, de lealtad y de amistad. De dos que caminan juntos por el puente que les ha tocado cruzar, dando traspiés, pero juntos y cogidos de la mano. La cita en el médico, las horas que pasan, la espera mientras están extirpando, la insensibilidad de los sanitarios, que necesitan insensibilizarse; el miedo, los gritos, la injusticia y la esperanza. Julia narra en este diario, en tan pocas páginas, todas las dimensiones posibles de un viaje, incierto, que hoy podemos celebrar porque casi ha llegado a su fin.

Ha escrito un libro que refleja su sentido del arte. Mínimo, sin elementos añadidos, sin rocallas. Simple y blanco, lírico y luminoso. Menos es más. Si ya está ahí, ¿para qué lo repites? Si una hoja seca expresa lo mismo que 20, ahórrate 19.
Foto de Julia Martínez Fernández
Pero Julia es una excepcional artista. Como fotógrafa tiene pocos rivales en su dominio profesional. Como artista de performance sabe dar siempre exactamente en el clavo y limpiar de chatarra ideas que se perderían de otra forma. Sabe poner límites, procesar, y cree poco en las musas y mucho en el trabajo.  Este libro es un ejemplo de ese menos es más con el que Julia practica su oficio. Intensos sentimientos, intenso relato, expresado aquí con austeridad de medios, como una gramática precisa. Simpleza y concreción para expresar un universo de sentimientos y sensaciones que a veces asfixian.
Foto de Julia Martínez Fernández
Ahí está Julia sola, escondida tras su mesa en la terraza. Observa y analiza. Como ha hecho siempre. Detrás de su guardapolvos negro, o de García Alix, o de algún cantante desolado, y últimamente a la espalda de Omar Jerez. Incluso hoy quiso esconderse detrás de mí. Pero hoy no puede. Es la única escritora del mundo enfadada por tener que presentar su libro. Ella habría preferido no estar aquí y ahora, cuando hable, va a pasar un mal rato. No es el foco, ni la notoriedad, lo que le interesa, es lo que le sobra. Pero ya va siendo hora de que salga a la luz. Este libro es el ejemplo talentoso de un gran espíritu artístico, de los mejores que pululan por Madrid. Un talento que llega a la excelencia, con un discurso coherente y rico en matices, poco condescendiente, nada abandonado al pensamiento único o a las tendencias. Quiero y espero que Julia se muestre ya delante de todos reafirmando una personalidad artística que necesitamos. Solo me resta darle las gracias por este regalo, animar a todos a leerlo porque sin duda les enriquecerá, y quiero terminar poniendo a Julia en un aprieto con una pregunta con cuya respuesta me gustaría que iniciara su intervención. Julia ¿para cuándo esa ansiada exposición individual de fotografía en una galería especializada?

Muchas gracias.