Según blogger, nos han visitado todas estas personas

viernes, 24 de octubre de 2008

Thomas Tallis, compositor inglés


Hace unas semanas estaba yo enganchado a la serie de TV americana The Tudors donde realidad y ficción se mezclan para dar resultados curiosísimos. Me encanta, casi me fascina, esa capacidad de los guionistas para con hechos objetivamente reales hacer mezclas e interpretaciones subjetivas que dan explicaciones a la historia las más veces ñoñas por intereses de audiencia. En esa serie aparecía Thomas Tallis, músico inglés que vivió entre 1505 y 1585, al que lían primero con un buen amigo del Rey Enrique que resulta ser el contagiado 0 de una epidemia que asola el país, y después cuando no saben muy bien que hacer con él lo lían con dos hermanas ninfómanas de las cuáles una muere pero se le sigue apareciendo a la otra en forma de espectro. Luego desaparece de la acción, y no sabemos si volverá a aparecer en otra temporada. Entonces estuve, a raíz de lo que se contaba en la serie, refrescando (es un eufemismo, en realidad aprendiendo) algunas cosas de la historia de Inglaterra, y decidí comprobar la veracidad de los personajes y de su acción. En esas estaba yo investigando el de Tallis cuando me topé con algunas de sus obras, que estaban en internet, y me interesó un poco más. Comencé a conseguirme algunas de las grabaciones que hay de su obra, y estoy absolutamente arrobado con ellas. De hecho llevo días escuchándolo con fruición, porque además cuando yo me pongo obsesivo compulsivo no tengo límites. Este es el prólogo prosáico a una música exquisita.

Me gusta la música anterior al siglo XIX, y si queremos bajar la frontera, anterior a Mozart, pero no me adentro demasiado en ella porque creo que me va a significar un esfuerzo intelectual notable. Ya sé, creo, todo lo que tengo que saber para disfrutar de la música desde 1800 en adelante, y en el último año he hecho grandes esfuerzos para adentrarme de lleno en Wagner y en la música del siglo XX. Cuando abres una puerta en la música culta, y quieres disfrutarlo como experiencia estética y ética, necesitas de una formación, y de una información, que lleva tiempo. Ahora, bajar por debajo de la frontera de 1700 me produce esa sensación de agobio, esa sensación de que son demasiados siglos de música y que no voy a ser capaz de asimilarlo como se merece, que además estoy muy mayor. Al conocimiento de los lenguajes, las escuelas, la estructura y la teoría musical, hay que unirle las exigencias de la interpretación (la discusión entre historicistas y el resto del mundo), y si bien con 18 años ese reto me lo comía con patatas, reconozco que ahora me causa más pereza.

Y entonces llegó Thomas Tallis, y me obligó a empezar ese esfuerzo, porque su música me ha impresionado mucho. Para empezar, algunas de sus melodías, todavía en unos modos que no dudaré en denominar de tardomedievales, rondando abiertamente el gregoriano, son muy conocidas, e incluso populares, sobre todo por difusión televisiva y cinematográfica. Estoy seguro que si digo Gregoriano muchos tararearán una melodía que ahora sé fue compuesta por Tallis (no diré cual, lo dejo para que al que le interese lo descubra). Pero esa tradición tardomedieval, como lo era en todo el arte inglés de la época de Enrique IV (recuérdese la arquitectura, sobre todo) evoluciona en Tallis hacia otros lenguajes ya plenamente renacentistas de una singular belleza y complicación disfrazada de simplicidad. Sus obras para teclado son interesantísimas, pero las obras vocales simplemente llegan a lo impresionante, por el nivel de exigencia, de pureza melódica, de destreza a la que deben de llegar los intérpretes, y de estructura formal novedosa.

Desde el punto de vista sensitivo, lo que me evoca Tallis, que también es válido porque no todo va a ser el análisis formal, es una gran quietud y serenidad, realmente generada por el fuerte espíritu religioso y místico de las composiciones (no hay que ser creyente para captar eso).

Thomas Tallis nació en 1505 y murió en 1585. No se sabe demasiado de sus primeros años, aunque sabemos que en 1531 está en Dover, concretamente al frente del órgano en el Priorado. De allí pasó a Londres, donde en 1538 ya sabemos que ejerce como músico en la Abadía agustina de la Santa Cruz de Waltham. De ahí pasó a la Catedral de Canterbury, y por último fue nombrado gentilhombre de la Capilla Real en 1543, al parecer con magníficas relaciones tanto con el Rey Enrique VIII, que apreciaba mucho su labor, como con la Reina Catalina de Aragón. Es muy curiosa su posición como músico para dos corrientes del cristianismo: para la Iglesia Católica en sus inicios, luego para el Anglicanismo, y en ambos credos supo crear una estética diferenciada. Si nueva era la Iglesia de Inglaterra (más clara en la cabeza del Arzobispo de Canterbury que en la del muy pragmático Enrique VIII), nueva debería ser también su tradición musical, embebida de las corrientes nacionales. Sin embargo, Tallis supo mantenerse al margen de toda controversia, y contrariamente a otros grandes hombres de su periodo, no acabó con sus huesos en la Torre de Londres ni con la cabeza cortada (esto es una exageración irónica que se permite un servidor). Conoció a toda la línea sucesoria de Enrique, hasta Isabel I, y murió a una edad francamente avanzada.

Como antes dije, el grueso de su obra se cimenta en la música sacra, y es conocido como el padre de la música religiosa inglesa. En sus primeros años, aún bajo la inspiración católica, realizó composiciones litúrgicas de una gran riqueza, que se tornaron más adustas con la llegada de la Iglesia de Inglaterra: tendencia al estilo silábico y abundancia de acordes. Pero la novedad, en Tallis, reside en intentar hacer confluir texto y música, es decir, establecer ritmos y estructuras bien diferenciadas según las características de lo que se dice, impregnando el significado de las palabras de contenido musical. También destaca por su empleo del inglés y del latín, alternativamente, en sus textos. Con Isabel I, un mayor estoicismo inundó el arte inglés, y con ello también la música, y Tallis no fue ajeno: abandono paulatino de la polifonía y composiciones preñadas de un fuerte misticismo.

Así pues, Thomas Tallis es un compositor que, bien asentado en dos tradiciones, la inglesa y la cristiana, sabe, además, experimentar y buscar nuevos caminos. Cada uno de sus periodos tiene grandes obras, pero personalmente me han impresionado, ya en la Inglaterra Isabelina, el motete Spem in allium de una pasmosa simpleza pese a su grandiosidad (ocho coros de cinco personas cantando al unísono) y las impresionantes Lamentaciones de Jeremías.

A su muerte había generado un enorme caudal de composiciones, y toda una escuela había crecido a su alrededor. William Byrd escribió en una de sus canciones: Tallis ha muerto, y con él muere la música lo que dice mucho del éxito que Thomas Tallis tuvo entre sus colegas contemporáneos. Su influencia llega incluso a compositores del siglo XX, como Vaugahn Williams.

Hay unos treinta discos publicados con la obra de Tallis. Incluso existe un grupo, la Tallis Scholars, especializado en interpretar sus composiciones. De todos modos, no son demasiados discos, dada la ingente obra que dejó; ni al parecer, aquí dejo hablar plenamente a los expertos, están todos grabado en las mejores condiciones de interpretación. Raro en los ingleses, aporto yo. Las composiciones que he ido desgranando desde youtube son sólo una muestra de su trabajo. Espero que os guste y os animéis a escucharlo. Aquí os dejo un enlace para que conozcais sus discos: http://www.goldbergweb.com/es/busquedas/?words=Tallis&restrict=/es/discography/.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Quizás les guste el siguiente artículo de opinión sobre Thomas Tallis:

Thomas Tallis

Reciban un cordial saludo.

Eugenio dijo...

Muchas gracias, pero por la razón que sea no se ve el enlace... Si pudiera volver a ponerlo!!!!!

Anónimo dijo...

http://www.artepick.com/2008/11/spem-in-alium-thomas-tallin-la-musica-del-azar-por-antonio-romero/